La UAS y las miserias externas, ¿dónde y cuándo pararán?

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José Luis Lopez Duarte

En los últimos días el escenario político en el estado ha sido marcado por un acto de deslealtad, manipulación y violencia que involucra a un grupo específico de jubilados de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS). Dicho grupo, al parecer instrumentalizado por ciertos diputados del partido Morena, ha optado por utilizar la figura de un supuesto abogado para ejercer presión y desestabilizar el proceso de reingeniería financiera necesaria para la institución. Esta situación pone en riesgo la integridad de la UAS y revela la mediocridad de aquellas personas que, tras décadas de obtener beneficios, se niegan a colaborar en la creación de un futuro sostenible para la universidad.

Es lamentable que, después de haber usufructuado durante 30 años o más una doble jubilación, este reducido grupo de jubilados se resista a entender que la continuidad de dichas prestaciones depende de una fuente de financiamiento sólida, algo que es comúnmente aceptado en sindicatos de todo el país. La decisión del 90 por ciento de la base laboral, junto con la mayoría de los jubilados, de establecer un fideicomiso es un paso clave hacia la estabilidad financiera de la UAS, pero es evidente que estos pocos se han convertido en un grupo de choque destinado a frustrar esos esfuerzos.

Desde el acto del pasado jueves, donde irrumpieron violentamente en el Congreso del Estado, la actitud desafiante de este grupo ofrece la lectura de la desesperación que raya en lo absurdo. Convocan nuevamente para mañana martes, con el único objetivo de sabotear y seguir obstaculizando el proceso que fue aprobado por la amplia mayoría universitaria. Ya no se trata de una cuestión de derechos adquiridos; se trata de una prestación que, si no se sostiene financieramente, podría desaparecer, dejando a todos sin nada.

La junta de coordinación política del Congreso, liderada por la diputada Teresa Guerra, ha mostrado una postura que muchos considerarían pusilánime e incluso cómplice ante esta situación. Al respaldar a un grupo que desafía decisiones tomadas legalmente y que ignora la voluntad de la mayoría, los diputados están traicionando no solo la confianza depositada en ellos, sino también el bienestar de cientos de trabajadores y jubilados de la UAS. Los comunicados que intentan disfrazar esta complicidad se tornan en acciones vacías que no contribuyen a la resolución de un problema que requiere atención seria y comprometida.

Es crucial recordar que el 99 por ciento de otros sindicatos y centros de trabajo en el país no cuentan con las prestaciones que algunos consideran como “derechos inalienables”. La realidad es que, si no se establece una fuente de financiamiento que soporte esa “jubilación dinámica”, se verán condenados a la precariedad. Detrás de cada intento de sabotear la creación del fideicomiso, hay una falta de visión que es asombrosamente egoísta, pues se priorizan los intereses individuales por encima de los colectivos.

Mientras tanto, el ambiente en el Congreso sigue tenso. La inminente insistencia de este grupo por ingresar y romper los filtros de seguridad es un indicativo claro de la falta de respeto hacia las instituciones y hacia aquellos que, con esfuerzo y compromiso, han decidido tomar el rumbo correcto para la estabilidad de la UAS. La colaboración y el entendimiento deben prevalecer frente a las actitudes provocadoras y beligerantes.

El desafío está lanzado y aquellos que ocupan cargos de responsabilidad deben actuar con firmeza y resolución para evitar que la manipulación de unos pocos lleve a la institución a un callejón sin salida. El futuro de la UAS y sus jubilados depende de decisiones bien informadas y del compromiso de todos, no de la necedad de unos cuantos que no han sabido valorar lo que esta universidad representa. Si los diputados continúan en este camino de complacencia y complicidad, no solo traicionarán a la UAS, sino también a la sociedad que espera un mejor futuro académico y financiero. Solo el tiempo dirá si la lógica, la razón y el sentido común primarán sobre la miseria de aquellos que ven más allá de su bolsillo.