Gabriel Reyes Orona
Sin importar la divisa partidaria que esté en el poder, el primer año del sexenio opera como una suerte de prueba. Todos los que son designados para encabezar las carteras del gabinete tienen, ese año, la oportunidad de demostrar que pueden seguir al frente del ramo encomendado. Ha concluido ese lapso, y es momento de recapitular lo ocurrido. Tanto la población, como la titular del Poder Ejecutivo Federal, han tenido la oportunidad de conocer las hechuras, y de lo que están hechos, tales personajes, esos, que sin limitaciones ejercieron potestades de derecho público en miras a obtener resultados.
Pues henos aquí, y para todos es claro que Rosa Icela Rodríguez no dio el ancho, y, por el contrario, que ha generado una tormenta de inconformidades, ya que, lejos de conjurar conflictos, los profundiza. Es ciertamente distinta, y ha hecho historia, pero no precisamente dejando buena huella. Quiere establecer una ruta inversa a la que usualmente toman quienes han pasado por Bucareli. Lo normal, pero además lógico, es que quienes son nominados en el puesto hayan gobernado, más allá de su casa. Sí, usualmente se trata de personajes que no sólo han administrado entidades federativas, sino que saben tratar con otros gobernadores y los principales sectores productivos, pero, sobre todo, que saben atender y solventar reclamos sociales.
Es ya evidente que no sólo llegó sin las habilidades y capacidades que exige el cargo, sino que, su muy particular perfil, no le hace no idónea para adquirirlas. Se trata de un personaje que tiene marcadas preferencias por quien la encumbro, dejando constancia de que poco le importa lo que piensa, quiera o decida, quien actualmente se encuentra en la silla presidencial. Nos recuerda aquella escena del filme El Padrino. Sí, aquella escena en la que el padre dice al hijo: quien te cite a la reunión con quien alberga intereses contrarios al tuyo, es el traidor. No te equivoques, de esa reunión no saldrá nada bueno. Lo digo, porque todo mundo sabe de aquella tan criticada reunión que tuvo verificativo en el otrora Palacio de Cobián.
En 12 meses, no le atajo ningún golpe a la presidenta; no le paró ningún escándalo, y no le evito confrontación alguna, dejó llegar hasta su puerta todo lo que es su función disipar. Si a ella no le queda claro, a la ciudadanía sí. No juega en su equipo. No quiere, no puede, ni sabe cómo desempeñarse en la posición, en la que sólo tiene la campechana tarea de llevar y traer los chiapanecos mensajes, de aquel, a quien sí besaba la mano.
La dependencia, confiada a la fuerza, tiene como propósito no sólo mirar por la sana convivencia de los mezquinos partidos políticos, quienes, diariamente, y a pesar de ella, encuentran la forma de tensar temas de interés nacional y sembrar la discordia entre los mexicanos, sino también, buscar que los sectores que componen el aparato productivo convivan armoniosamente. Para nadie es un misterio que los partidos políticos son más parte del problema que de la solución. La labor legislativa ha depredado, en estos siete años, tanto la justicia, como el desarrollo económico, poco a poco, ha sido fuente de descomposición social, así como de la mirada preocupada que nos dirige la comunidad internacional. Sólo en el papel crecen los empleos, en la realidad, éstos son cada vez menos, y de menor calidad.
Lejos de coordinar los trabajos de las demás dependencias, las ha dejado derivar, ocasionando que existan agendas no sólo independientes, sino hasta excluyentes, propiciando una tensión que se siente en el ambiente. Los problemas del país no sólo no arreglan, sino que cada semana surge uno nuevo, sumándose a una tormenta socioeconómica que, una vez que inicie, no parará hasta recomponer drásticamente los componentes del país.
La condición típica que corresponde a un secretario es la de ser auxiliar, y es ahí, donde ha fallado, simplemente no ayuda, y ni siquiera se puede decir que estorba, sino que, más bien, todo lo complica. La muy cuestionable, y desastrosa actuación que tuvo al frente de la seguridad pública, ahora viene a ser continuada y agravada, al no saber qué hacer para aminorar y paliar los efectos de la inseguridad pública, de la que, en buena parte, es causante.
Es hilarante que, mientras su jefa acude a los textiles y motivos indígenas, ella gusta de vestir, o mal portar, malas replicas tipo Chanel. Una vez que salga, alguien le dirá que en ese puesto no se esperaba de ella el arengar, puño en alto, a la turba, sino el silente actuar de quien tiene oficio, ese, del hacer sin que se note. Lo que busca un presidente en su secretario de gobernación, es la magistral mano izquierda que distingue a un buen ministro del interior quien, entre más bien opera, menos hace que el reflector le apunte. Es claro que la residente de palacio entiende que no tiene en ella un apoyo, sino un problema, y grande, así como la arena en el reloj de la oportunidad brindada a ciegas se agotó.
Dicen que más vale un colorado, que mil descoloridos. La obligada y urgente remoción será amarga, pero preferible a tener en la espalda a quien no se sabe cuándo fallará o provocará algo aún más doloroso. El momento de entender los tiempos que rigen la política nacional ha llegado, y, por algo, las fiestas decembrinas son el momento ideal para operar los cambios.
Ella cree que el haber estado al frente de la política interior la hace candidata ideal a gobernar su estado, pero no, es la formación del día a día, resolviendo la problemática en una entidad federativa, lo que permite al sujeto ser bueno en el cargo federal, no al revés. Lo hará tan mal en su estado, como lo ha hecho en la Federación. Será candidata, porque en su partido no son las capacidades lo que define; son los arreglos y las componendas los que otorgan las candidaturas. Esos, claramente están de su lado. Será gobernadora, porque las urnas mexicanas están tan descompuestas como el resto del andamiaje institucional.
La pregunta es quién vendrá a enfrentar el vendaval que sembró la fiel ujier del tabasqueño. Tendrá que ser alguien que al menos entienda lo que la ley prescribe en el catálogo de atribuciones. Así es, para dar cuenta de todo aquello en lo que ha Rosa Icela ha fallado, basta ir leyendo, fracción por fracción, del artículo que lista las atribuciones de la Secretaría de Gobernación. El nuevo titular de ésta seguramente ya ha sido llamado, y ya prepara los bártulos para levantar el guante, ojalá, sea el oficio político lo que le lleve a tal posición.
