José M. Armenta Vargas
Hoy, enero de 2026, México se ha convertido en el principal país proveedor de petróleo a Cuba. En 2025 le abastecía un promedio diario de 12,284 barriles, lo que cubre –después de la caída de los suministros de Venezuela– entre 44% y 56% de las importaciones cubanas. La presidenta Claudia Sheinbaum ha afirmado que este suministro se mantendrá sin aumentos significativos y seguirá siendo enmarcado en contratos comerciales como ayuda humanitaria.
Esto contrasta fuertemente con la situación interna. Pemex sigue manteniendo una deuda que supera los 100 mil millones de dólares, con vencimientos a pagar entre 2025 y 2026. Al mismo tiempo, México depende de la importación de gasolina desde Estados Unidos, que cubre el 50% de la demanda nacional. Adicionalmente, lejos de subsidiar y apoyar al consumidor, el Estado aplica uno de los impuestos más altos de Latinoamérica, lo que hace que el IEPS y el IVA en la gasolina Magna representen más del 40% del precio final por litro. Lo que lleva a los mexicanos a pagar una gasolina importada y cara para sostener a Pemex.
El plan para reducir la deuda de Pemex plantea disminuirla de 79 a 85 mil millones en 2027 y mantener una producción de 1.8 millones de barriles diarios. Destinar una porción del crudo a Cuba por mínima que sea sigue representando un gran costo oportunidad significativo: la cual podría ser vendida en mercados internacionales, lo cual si generaría ingresos, los cuales podrían ser destinados en un humanismo genuino y dirigido a los mexicanos, pudiendo ser dirigido en salud pública y educación gratuita de calidad en lugar de compromisos externos a los mexicanos.
Algunos ejemplos del humanismo nacional en otros países productores de petróleo, es Noruega que canaliza su renta petrolera hacia su fondo soberano, destinado a financiar un bienestar social universal, enfocado en la salud y la educación gratuitas, que beneficia directamente a sus ciudadanos, siendo el fondo gestionado estrictamente para asegurar un bienestar generacional. Otros países, como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, usan fondos similares con el mismo objetivo: diversificar su economía y brindar a sus ciudadanos educación, salud e infraestructura de calidad, gratuita o subsidiada, lo que transforma un recurso finito como el petróleo en una ganancia y un bienestar que trascienden generaciones.
La opacidad de los envíos a Cuba, con detalles contractuales poco transparentes y a través de subsidiarias de Pemex, delata una soberanía mal entendida, capturada por una visión ideológica del siglo pasado disfrazada de humanismo y solidaridad, que debilita su propia prioridad de recuperar a Pemex y dobla sus objetivos económicos. Esto solo intensifica las tensiones bilaterales con Estados Unidos, donde ya distintos legisladores interpretan esta “ayuda” como un apoyo directo a un régimen patrocinador del terrorismo, lo que complicará aún más la revisión del T-MEC programada para este año.
El país no está para financiar simbolismos: con Pemex endeudado y el consumidor pagando una gasolina importada y cargada de impuestos, cada barril que se manda a Cuba, sin transparencia y pagado al precio del mercado, es un subsidio que los mexicanos pagan en la gasolinería al cargar el tanque de su carro. La prioridad para este año debe apuntar a una sola dirección: convertir el petróleo en bienestar social y sacar a Pemex de la bancarrota, y no en un apoyo ideológico que solo eleva aún más el riesgo económico y político de un país donde siempre los platos rotos los terminan pagando sus ciudadanos.
