La política anticorrupción

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José Roldan Xopa

Hace años, en tiempos “neoliberales”, algún secretario de economía lanzó la frase de que “la mejor política industrial es la que no existe”. En tiempos “post neoliberales” se expresó que “la corrupción se barre de arriba para abajo”. Para los efectos, ambas frases, equivalen igualmente a la ausencia de políticas. Ambas prometieron y ambas tuvieron consecuencias negativas.

Cada día tenemos más información de posibles hechos de corrupción: Segalmex, huachicol fiscal, etc. Las posibles causas son achacadas por la anterior y esta administración a “manzanas podridas”, es decir a causas aisladas. El principal problema, se dice, son las personas que abusaron de la confianza. Por lo general, se eluden las implicaciones sobre la forma de entender el ejercicio de gobierno, las causas sistémicas del problema y, por tanto, de la política.

A nivel legislativo no se hicieron mayores cambios al heredado Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) ni a la Ley General de Responsabilidades Administrativas. Se agregaron algunas nuevas causas (recibir ingresos mayores a los señalados en la legislación de remuneraciones, violencia por razón de género, violaciones a la legislación en materia de austeridad, entre otros). Sin embargo, si bien no se hicieron cambios más sustanciales, tampoco se impulsó el Sistema Nacional Anticorrupción, por el contrario, se le debilitó. Se propuso desaparecer su Secretariado Ejecutivo, se omitió designar a los integrantes del Comité de participación Ciudadana hasta orillarlo a sesionar sin contar con la mayoría de sus integrantes. A la vez, tampoco se han hecho propuestas alternativas que mejoren la situación.

Al parecer en los próximos días se presentará alguna alternativa en la materia.

En mi opinión, el Sistema Nacional Anticorrupción resultó demasiado bueno y ambicioso para nuestra realidad, pero topó con el gran motor de la corrupción: la resistencia del poder a ser limitado. 

En el necesario balance del SNA seguramente tendremos que darle la razón a Klitgaard uno de los expertos en anticorrupción con mayor reconocimiento. La corrupción se presenta cuando se reúnen diversos elementos: poder monopólico, más discrecionalidad, menos transparencia y rendición de cuentas. Eso es precisamente lo que se ha creado en los últimos años: mayor concentración del poder, mayor discrecionalidad, se han destruido las garantías para hacer valer la transparencia y los controles jurisdiccionales.

Toda revisión si se quiere tomar en serio la lucha anticorrupción tendría que partir de la base de hacer valer los controles. El acotamiento y control de la discrecionalidad iría en dirección contraria a las formas de actuación ya incorporadas en las rutinas de esta administración (el uso frecuente de las adjudicaciones directas justificadas por razones de seguridad nacional); el ocultamiento de la información (por ejemplo, la declaratoria de información reservada que impide el conocimiento de las causas, por ejemplo, del descarrilamiento del tren inter oceánico, entre otras).

Lamentablemente, se han construido las condiciones para que aumente la probabilidad de que la corrupción ocurra.