Jorge Ramos Pérez
María Elena Álvarez-Buylla realizó una carrera científica sólida desde finales de los años 70 con profesores como el doctor José Sarukhán Kermez o Daniel Piñero. El doctor René Drucker Colín, de izquierda, pero desconfiado de los políticos de izquierda, entre ellos de Andrés Manuel López Obrador, siempre tuvo palabras de reconocimiento para la ex directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
Su trayectoria como científica es reconocida en México y en el extranjero. El Instituto de Ecología de la UNAM, la presenta así: “La doctora María Elena Álvarez-Buylla Roces ejerce un importante liderazgo científico internacional en las áreas de biología de sistemas con enfoques teórico-computacionales en genética molecular, epigenética y ecología evolutiva del desarrollo, que combina con una actividad constante para coadyuvar a la conservación de la diversidad biológica y a la promoción de una ciencia comprometida con la equidad, la justicia y el beneficio social”.
“En ciencia básica, ha hecho contribuciones importantes en áreas teóricas y experimentales fundamentales y aplicadas a la biomedicina; así como en biología de poblaciones vegetales, con base en su trabajo de campo en las selvas mexicanas y en bosques templados; y en torno a la bioseguridad del maíz”.
En la revista “¿Cómo ves?” de divulgación de ciencia de la UNAM, ella se autodefine “Soy introspectiva pero cálida; me gusta la gente y me disgusta la rutina” y cuyos valores son “la solidaridad, el respeto y el cariño”.
Hace tiempo ha sostenido que la corrupción no es el principal defecto de Andrés Manuel López Obrador. Y es una barbaridad afirmarlo, pero así lo considero. El peor defecto de un político extraordinario como López Obrador es su incapacidad para administrar, por ser un gigantesco líder social que sólo se mira al ombligo, abomina a los expertos y los que tiene los pisotea, y gobierna desde su ideología, si es que tiene alguna.
El libro “Ni venganza ni perdón” del abogado Julio Scherer Ibarra describe paso a paso que, en efecto, Andrés Manuel López Obrador es un político sin igual, pero con una tremenda incapacidad para gobernar. Y está por probarse hasta dónde supo de la corrupción de sus cercanos, incluidos sus hijos.
En otros países es casi tradicional que altos funcionarios escriban en libros o relaten en entrevistas o en reportajes periodísticos lo que vivieron en su paso por el servicio público. Siempre, por supuesto, desde el cristal con que se mira. Y se puede estar o no de acuerdo.
Empezaré por aquellos puntos en los que estoy de acuerdo, como es el caso de su valoración en torno a la doctora María Elena Álvarez-Buylla, a quien desde hace más de seis años comencé a criticar, sorprendido por el salto cuántico de la investigadora que pasó de ser admirada a convertirse en una política gritona de plazuela, parafraseando al gran Miguel Ángel Granados Chapa.
Por ejemplo, discrepo de su señalamiento en el sentido de que la reforma judicial derivó de errores en la gestión política de Adán Augusto López Hernández. Pero en otra oportunidad expondré elementos a juicio de mis tres lectores.
Empecemos por lo que expresa Julio Scherer Ibarra de la doctora María Elena Álvarez Buylla.

“(Nos metió) en problemas gratuitos y terribles. Álvarez-Buylla fue un desastre desde el principio. Había ganado un premio nacional, y Andrés Manuel dijo que iba a nombrar en el Conacyt a una persona muy importante porque acababa de recibir un reconocimiento relevante (que le dio Enrique Peña Nieto, a quien ella miraba agradecida en la ceremonia). El primero a quien escuché después del nombramiento fue a Víctor Villalobos, quien iba a ser secretario de Agricultura. Me pidió que le dijera al presidente que nombrara a cualquier otra persona, pero no a Álvarez-Buylla porque era un desastre: «Esa señora no sabe lo que va a hacer con la ciencia, no sabe absolutamente nada». Le digo: «Víctor, pero si acaba de ganar un premio». «Puede haber ganado los premios que sea —me dijo—, pero no sabe y además no tiene trabajo con la gente de la investigación, va a ser un problemón para todos». Le contesté que no le iba a decir eso al presidente porque no le iba a gustar, para qué meterme en un problema de un tema del que ni sé.

“Álvarez-Buylla fue tremenda desde el inicio, con errores de todo tipo, confrontada con la comunidad científica. Le entabló un juicio al consejo del Conacyt con el tema del maíz originario, del glifosato y una cantidad de cosas aterradoras.
“Imagínate: quiso meter a la cárcel a los investigadores, acompañada por Gertz Manero, porque a Gertz nunca le habían querido otorgar el grado de investigador nivel III —y con razón, porque no lo merecía-. Entonces les abrieron una carpeta e intentaron judicializar el caso tres veces, y tres veces no pasó nada, porque no había delito alguno. Fueron, perdón que lo diga así, las necedades de la señora combinadas con las de Gertz las que nos llevaron a un conflicto enorme con todo el sistema de investigadores. No es menor lo que estamos diciendo. Y la señora, necia también, se peleó con los del CIDE; quiso desaparecer todos los fideicomisos —todos—, primero por decisión suya y luego con la aprobación del presidente, porque argumentaba que compartían recursos con la iniciativa privada para generar investigación. Álvarez-Buylla engañó al presidente y nos metió en graves problemas”.
El presidente López Obrador es responsable de ese desastre, porque la doctora María Elena Álvarez-Buylla fue su desastre. Fue su decisión e ignoró a propios y extraños. En este espacio se documentó el problema del glifosato, que acabó perdiendo la doctora.
En los #Recovecos del 14 de marzo de 2022 se reseñó que “cuando aparecen instituciones del gobierno federal y algunos funcionarios metidos en el asunto de los bioinsumos, estos comienzan a ser un foco de preocupación. Todo indica que personajes que en el pasado fueron activistas y hoy se convirtieron en servidores públicos, de nivel de subsecretario de Estado, comenzaron a imponer una agenda basada en ideología y no en la ciencia, en la que cuestionan el uso de plaguicidas, al tiempo que promueven productos “orgánicos” que no cumplen con las normas sanitarias para su distribución”.
Era el caso de “Pies ágiles”, un plan en el que participaban un conglomerado de instituciones: el Conacyt y las secretarías de Agricultura y Medio Ambiente, en particular, pero que era un desastre.
También aquí se documentó el desatino de despotricar y tratar de acabar con fideicomisos, aunque en los hechos escupía al cielo porque ella se había beneficiado de esos instrumentos, lo cual estaba bien, lo que se criticaba era su incongruencia.
Quizá lo más lamentable de la doctora Álvarez-Buylla, incluida su farsa de la vacuna contra covid llamada patria y el terrible fracaso con los ventiladores, fue su insensatez de perseguir a científicos por la vía judicial y apoyada por el ahora “diplomático” Alejandro Gertz Manero. Y fue el periodista Raymundo Riva Palacio quien revela
la persecución.
El daño que Andrés Manuel López Obrador hizo a México es inmenso. Y qué interesante que años después alguien de su equipo ahora es quien corrobora las alertas que fueron ignoradas.
Punto y aparte
El papelazo de Marx Arriaga pone de relieve que en la 4T ya no se soportan. El mismo libro de Julio Scherer Ibarra es sintomático de una realidad. ¿Quién pondrá orden?
Punto final
Leonardo Lomelí Venegas es el peor rector que la tenido la UNAM y preocupa que la comunidad universitaria parece no percatarse. Afortunadamente son instituciones con una gran historia y fortaleza. Ojalá este sea un paréntesis oscuro en su historia. Ojalá.
