Violencia alcanza a la Iglesia católica; aumentan ataques, robos y agresiones

Share

Ángela Chávez

La violencia contra la Iglesia católica en México ya no es un hecho aislado: un informe del Centro Católico Multimedia revela que en México se registran hasta 30 agresiones semanales contra templos, sacerdotes y laicos

En México, los actos de profanación, los robos y las agresiones contra la Iglesia católica se han disparado hasta 700 por ciento en las últimas tres décadas, convirtiéndose en una crisis persistente que golpea tanto a recintos religiosos como a sacerdotes y laicos.

De acuerdo con el “Informe sobre la incidencia de violencia en contra de sacerdotes e instituciones de la Iglesia Católica en México 2025”, elaborado por el Centro Católico Multimedial (CCM), el país registra un promedio de 28 agresiones semanales —cerca de mil 400 al año— en templos y espacios de culto.

El reporte advierte que en México existen al menos 11 mil templos distribuidos en 19 provincias eclesiásticas; no obstante, si se consideran capillas, oratorios y ermitas, la cifra podría ascender hasta 30 mil recintos. En estos espacios se documentan robos, profanaciones, extorsiones, incendios y agresiones físicas.

El fenómeno, subraya el CCM, no se limita a daños materiales. A la estadística se suman asesinatos y desapariciones de sacerdotes, así como ataques contra laicos comprometidos con su fe.

En entrevista con Reporte Índigo, Omar Sotelo Aguilar, sacerdote y director del CCM, señala que los actos de profanación han alcanzado hasta 30 casos por semana, cuando en 2024 el promedio era de 26, cifra que entonces ya resultaba alarmante.

“Hemos dado a conocer el impacto que durante estos años ha marcado la violencia contra sacerdotes, religiosos, laicos e instalaciones de la Iglesia católica. Al desglosar el informe detectamos que los ataques a templos, iglesias, ermitas y capillas han aumentado (…) Es una situación que sigue creciendo”, lamenta.

De acuerdo con el documento que denuncia el estado de inseguridad que vive la Iglesia católica mexicana, las agresiones y profanaciones, entre otros tipos de violencia, representan un aumento significativo, ya que en los años 90 se reportaban solo cuatro ataques semanales, pero al compararlos con los sucesos detectados en 2025 se ha multiplicado hasta siete veces .

El director del CCM detalla que el fenómeno se traduce en que aproximadamente 12 por ciento de los templos católicos en México sufren al menos un ataque al año. El informe anual tiene reportados mil 350 agresiones en 2024, los cuales se dividen entre los más de 11 mil templos.

En 2025 se hace una proyección similar, al tomar en cuenta la continuidad de patrones de violencia; sin embargo, aún está pendiente definir el dato exacto del año que acaba de concluir, ya que se especula que pudo haber aumentado.

Roban desde arte sacro hasta las limosnas

Ulises Torres, estudioso de las religiones en México y académico de la UNAM, señala el aumento cuantitativo y cualitativo de la violencia en el país, es decir, no está relacionado con la práctica religiosa como tal, sino que es resultado de las condiciones actuales del país.

“La inseguridad generalizada que ha llegado a tocar las puertas de la Iglesia católica, en sus diferentes expresiones, que ha alcanzado un espacio social que con anterioridad era difícil pensar que sucedieran estas situaciones”, explica el académico.

En el reporte anual realizado por el CCM, se detalla que los robos más comunes son la sustracción de objetos religiosos o de arte sacro, considerados un negocio lucrativo junto con el de metales como bronce y cobre, además también figuran los asaltos cometidos contra fieles, así como la llamada “ordeña” de alcancías donde se depositan las limosnas, estos delitos representan el 84 por ciento.

Las agresiones directas atribuidas al crimen con delitos de alto impacto en los que se encuentran involucradas las armas de fuego representan un 10 por ciento.

Escalada de violencia

El director del CMM comenta a este medio un ejemplo de los hechos de violencia que se han vivido. Recuerda uno de los casos que más ha impactado a su comunidad.

Los hechos se suscitaron el 23 de agosto de 2025 en la diócesis de San Andrés Tuxtla, Veracruz, cuando un hombre identificado como Miguel “N” causó daños en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, al llegar armado con un machete y agredir a dos colaboradores de la iglesia, después prendió fuego a las imágenes religiosas así como al altar principal.

Los actos de violencia no han cesado en los últimos años, ya el que CCM detalla que en lo que va del sexenio de Claudia Sheinbaum se han registrado tres homicidios de sacerdotes y uno se encuentra desaparecido, además del asesinato de 23 laicos cercanos a los trabajos de la religión.

“Es lamentable la situación, porque lo expuesto va más allá de cifras, impacta en la fe de las personas y en la vida por lo que se debe dar más seguridad”, concluye Sotelo.

A los asesinatos se suman amenazas de muerte y extorsión

Los casos de sacerdotes, obispos, laicos y otros integrantes de la Iglesia católica que han han perdido la vida en los últimos años, advierte el Centro Católico Multimedial, no se han detenido pese a los llamados reiterados para reforzar la protección de su comunidad.

En entrevista, el sacerdote y director del CCM, Omar Sotelo, explica que el organismo documenta estos casos en su Reporte Anual 2025. El estudio recopila agresiones y asesinatos de sacerdotes y agentes de evangelización, y presenta un seguimiento por sexenios. Además, subraya, busca preservar la memoria de las víctimas y evidenciar la falta de justicia, independientemente del partido en el poder.

El más reciente informe revela que, en las últimas décadas, han sido asesinados un cardenal, 62 sacerdotes, un diácono, cuatro religiosos y 23 laicos —entre ellos una periodista católica—. Asimismo, permanecen desaparecidos tres sacerdotes.

“También está el asunto del número de extorsiones y amenazas de muerte, el dato todavía no lo tenemos actualizado totalmente, ya que nosotros realizamos el trabajo de campo y no es tan fácil tener el reporte completo, en el informe pasado habíamos registrado entre 800 y 850, pero actualmente hemos logrado contabilizar alrededor de 800 a 900, lo que lamentablemente representa un aumento en amenazas que atentan contra varias vidas”, informa Sotelo.

Sobre este fenómeno, Ulises Torres, académico de la UNAM, considera que se trata de un problema de gran magnitud y agrega que es importante la reacción que tiene la Iglesia católica, respecto a las agresiones de los asesinatos en su comunidad.

“Aunque han denunciado el problema desde hace años no se ha podido frenar porque va más allá de que se pueda hacer como grupo social, tiene que ver con la complejidad del problema, de capacidades institucionales en materia de seguridad, el que la mayoría de los crímenes esté relacionado con el crimen organizado agudiza su complejidad”, explica.

De acuerdo con los informes del CCM, la respuesta institucional ha sido insuficiente y la mayoría de los casos permanece en la impunidad. Desde 1990 y hasta 2024 se han contabilizado más de 80 crímenes contra religiosos en México. El informe más reciente eleva la cifra a 92 para 2025.

“De los sacerdotes asesinados o violentados más del 80 por ciento de los casos está impune o sea sus carpetas de investigación fueron cerradas o simplemente ya no continuaron los procesos”, resalta el director del CCM.

Ante ese panorama, el sacerdote Omar Sotelo advierte que el fenómeno trasciende lo individual y se convierte en un factor de desestabilización social. La violencia que vive la Iglesia católica de México es también un desestabilizador social, ya que el ataque a cada persona de esta fe también implica un impacto en poblaciones.

Practicar la fe, un riesgo

Desde esta perspectiva, no se trata únicamente de atentados contra templos o ministros de culto, sino de agresiones que alcanzan a ciudadanos cuya participación religiosa incluye labores comunitarias, catequesis, apoyo social y organización de celebraciones litúrgicas.

Ulises Torres explica que el impacto social es una consecuencia indirecta pero profunda: “Estos ataques se convierten en desestabilizadores sociales, pero como un resultado indirecto, porque la violencia va dirigida hacia ellos, pero influye en las actividades que desempeñan, porque se encargan de atender temas de salud, educación, acompañamientos a grupos vulnerables, aunque este no es el propósito principal del crimen organizado”, indica.

Al respecto, el “Informe sobre la incidencia de violencia en contra de sacerdotes e instituciones de la Iglesia Católica en México”, documenta algunos de los episodios más graves registrados recientemente.

El 14 de diciembre de 2024, una familia fue atacada cuando salía de una ceremonia de acción de gracias a las afueras de la Basílica de Nuestra Señora de los Remedios, en Naucalpan. Como resultado, una mujer perdió la vida y varias personas más resultaron heridas.

Otro de los casos que más ha conmocionado ocurrió el 24 de mayo de 2024, en Chicomuselo, Chiapas, donde 11 personas fueron asesinadas; siete de ellas pertenecían a una misma familia y dos eran catequistas. De acuerdo con el informe, el crimen fue una represalia por negarse a colaborar con el crimen organizado.

La violencia también ha golpeado directamente a jóvenes involucrados en actividades parroquiales. El 16 de marzo de 2025, ocho jóvenes fueron asesinados cerca de la parroquia de San José de Mendoza, en Salamanca, Guanajuato, mientras realizaban preparativos para la Semana Santa. Semanas después, la madrugada del 10 de mayo, otros siete jóvenes fueron asesinados durante un festejo en la parroquia de San Bartolo de Berrios, en San Felipe, Guanajuato.

Los casos evidencian que, en ciertas zonas del país, participar en ceremonias religiosas, colaborar como catequista o integrarse en grupos juveniles parroquiales puede implicar una exposición real a la violencia.