María Idalia Gómez
Los mensajes directos, las señales constantes y las operaciones visibles o no tan visibles que ha realizado Estados Unidos en torno a México, debieron ser analizadas por el Estado mexicano desde una visión geoestratégica, en la ruta de un nuevo orden mundial
Al menos desde hace ocho meses era claro que el discurso ideológico de los 70, y la visión de una izquierda hueca y representada por grupos en tensión y muchos oportunistas, no sería suficiente.
Poquísimos en el gabinete lo han ido comprendiendo, pero no le han dado los elementos suficientes a la presidenta Claudia Sheinbaum para tener una visión de 360 grados que le permita tomar decisiones adecuadas. Ella lo ha ido descubriendo poco a poco, a tumbos y sin estar acompañada de su equipo, y menos de su partido.
Varias veces, en reuniones con fuentes de inteligencia he escuchado la frase: “el tiempo ya se agotó” para México. El discurso del secretario Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, no deja duda alguna que desde la visión del país del norte, hemos entrado a un siguiente fase de sus operaciones.
La reconfiguración del liderazgo estadounidense se coloca como la amenaza más peligrosa para nuestro país, para su presente y su futuro.
Tradicionalmente en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Estados Unidos había reafirmado un orden liberal en el marco legal internacional, su propio marco normativo, el valor de la democracia; estos referentes desaparecieron y ahora Rubio habla de una “alianza civilizatoria” centrada en soberanía nacional, poder duro, religión y orgullo cultural. Con estos ingredientes EU planea reconstruir la “civilización occidental”.
Lo que veremos, ahora sí de forma instrumentada, es la deslegitimación de las agendas multilaterales vinculadas a derechos humanos (que incluye frenar la migración) y cambio climático, y en cambio la reindustrialización de Estados Unidos y Europa, considerando activos estratégicos los minerales, energéticos y reservas naturales; la reconfiguración de las cadenas de suministros y qué implica para México, entre otras cosas, la urgencia de recuperar la agroindustria y los minerales de manos del crimen organizado, donde se calcula que superan los mil millones de pesos anuales por extorsiones; recuperar el seguridad del territorio; eliminar la corrupción estructural del gobierno para las inversiones, y frenar la migración quedándonos como país seguro.
Si nuestro país no se alinea a la visión y agenda de los intereses nacionales estadounidenses, las consecuencias serán muy graves.
