MORENA SINALOA: ROMPER EL EJE RECTOR ES PERDER LA ELECCIÓN

Share

Álvaro Aragón Ayala

La ofensiva de la oposición y la construcción secuencial de narrativas contra Rubén Rocha Moya buscan quebrar el eje rector de Morena de la elección de 2027 en Sinaloa: el gobernador. En contraste, aliados y beneficiarios del partido y de la Cuarta Transformación no replican, no defienden, guardan silencio.

Es cierto: las tribus de Morena que permanecen calladas frente a los ataques contra su dirigente estatal creen estar acumulando capital político; sin embargo, en los hechos, están contribuyendo a debilitar el proyecto que los sostiene y a pavimentar el camino de su propia derrota.

Y es que la embestida tiene como propósito debilitar al único actor que tienen capacidad para articular, coordinar y ordenar la cadena-sistema electoral morenista en Sinaloa. Ese es el objetivo de la oposición: tratar de erosionar la imagen y la autoridad del mandatario.

Cuando el gobernador aparece bajo ataque permanente, la comunicación que recibe el electorado es simple: Morena está en crisis. Ese mensaje, repetido, termina siendo creído por amplios sectores de la sociedad que confunden denuncia con condena.

¿Por qué la oposición considera al mandatario el centro de mando o eje central? Porque Andrés Manuel López Obrador no construyó un partido con bases corporativas y territoriales sólidas (como hizo Lázaro Cárdenas con el PRM-PRI), sino que importó el modelo tribal y balcanizado del PRD.

Al entregar los programas sociales directamente desde la presidencia, AMLO anuló la necesidad de operadores políticos intermedios, dejando a las facciones locales huérfanas de estructura y peleando únicamente por cargos de elección popular para beneficio propio. 

En los hechos es entonces el gobernador el que concentra la coordinación de los alcaldes, la articulación de los legisladores, mantiene el control de los incipientes operadores territoriales. Moviliza y negocia y es el dueño de los espacios para administrar los conflictos. Ningún otro actor de Morena reúne ese conjunto de palancas.

Por eso, la oposición lo ubicó como el principal eje del proyecto 2027 de Morena. Por eso lo atacan. Y, si logran quebrarlo, sin él, no habrá centro y sin centro habrá dispersión. Y donde hay dispersión, hay derrotas. El partido perdería la dirección.

En este escenario, con cálculos cortos, sin oficio político, grupos morenistas han optado por no defender al gobernador. “Si se debilita Rocha, yo crezco”, elucubran. Ese “razonamiento” ignoran un principio básico de la política electoral: cuando cae el eje, caen todos.

Obsesionados con tomar candidaturas, aspirantes y funcionarios filiales de la 4T buscan sólo su protección, sin percatarse que el daño que consigan imprimirle al gobernador producirá efectos en cadena y derivaría en fragmentación interna, candidaturas débiles, campañas defensivas, desmovilización y fuga de votos. El silencio alimenta al adversario.

La oposición sabe que las denuncias y las  narrativas adicionales no se encapsulan en el interior del despacho del gobernador. Se filtran. Se expanden. Se generalizan. En la percepción social ocurre esto: “investigan al gobernador”, “algo pasa en Morena”, “todos están metidos”. Así, precandidatos, alcaldes y diputados, todos los morenistas, quedan “bañados” por esa narrativa.

Y si el desgaste avanza, el impacto tangible concurriría en las elecciones. El riesgo mayor sería perder la gubernatura o bien las alcaldías estratégicas: Ahome, Culiacán, Mazatlán y Guasave y no contar con la mayoría en el Congreso Local lo que obligaría depender de los aliados. Y sin Congreso, no hay proyecto ni continuidad.

Pensar que un operador político-electoral enviado desde el centro puede sustituir a Rocha es una fantasía. Un delegado nacional no conoce las redes locales, no domina los equilibrios regionales, no controla liderazgos históricos, no entiende las alianzas informales. El único que opera esas fuerzas y el territorio es el gobernador.

En Morena, los grupos no han entendido que la presión contra el gobernador no viene sólo de las operaciones abiertas o soterranas de los partidos, con los que a veces se pacta temporalmente. La reyerta opera también desde las cámaras empresariales, organizaciones “ciudadanas”, plataformas mediáticas, sectores religiosos. Es una ofensiva coordinada. Su fuerza esta en la suma y su éxito depende también del silencio “interno” de Morena.

La arremetida contra Rubén Rocha busca romper, pues, el centro del sistema político de Morena en Sinaloa. Quien permita que ese eje se fracture, no ganará espacios, perderá el futuro, porque sin un gobernador fuerte no habrá candidaturas competitivas, ni estructura funcional, ni defensa territorial. Entonces, para los morenistas debería de ser una prioridad proteger al gobernador, dado que él garantiza la continuidad y la supervivencia política.