Prospección político-electoral 2026–2027
Álvaro Aragón Ayala
En la antesala del próximo proceso electoral, uno de los actores con mayor capacidad de influencia en Sinaloa no aparecerá en boletas; no encabeza partidos ni reparte propaganda, pero predica.
Se trata de Jesús José Herrera Quiñónez, Obispo de la Diócesis de Culiacán, quien ha logrado consolidarse como un activo político informal con capacidad real para incidir en el ánimo social y, potencialmente, en el comportamiento electoral.
Sin ser precandidato, sin declararse opositor ni aliado de nadie, Herrera Quiñónez se ha convertido en una figura bisagra: un intermediario entre el descontento social, la fe religiosa y la crisis del poder civil.
Lo que está en duda es si su activismo responde únicamente a una vocación pastoral en tiempos de violencia, o si está construyendo deliberadamente una plataforma de influencia capaz de incidir en el resultado electoral.
Durante años, la jerarquía católica en Sinaloa mantuvo una presencia discreta en los tiempos preelectorales. Sus intervenciones públicas eran episódicas, prudentes y casi siempre conciliadoras.
Sin embargo, ese ciclo terminó: a partir del agravamiento de la inseguridad, los asesinatos de civiles y policías, la impunidad y la narrativa para erosionar la credibilidad institucional, el Obispo comenzó a ocupar el espacio de la voz confiable que los dirigentes de los partidos abandonaron.
Herrera Quiñónez pasó de los mensajes litúrgicos a emitir homilías o discursos con tintes de posicionamientos políticos. De las llamadas espirituales saltó a los exhortos sociales adquiriendo un estatus, ya no de Pastor, sino de “líder público”.
El Obispo ha acumulado, de manera gradual, tres tipos de capital: 1. El de la credibilidad, ofreciendo en sus rezos su “sacrificio” y “autoridad moral”. 2.- El parroquial, con una estructura con amplio alcance territorial. 3. El mediático, marcando agenda.
Formalmente, la Iglesia no participa en campañas, pero en los hechos ha influido y en la ruta 2026-2027 puede contribuir en el proceso. Hasta ahora la voz del Obispo tiene timbres opositores.
El comportamiento reciente del Monseñor sugiere una estrategia de corto plazo con la que pretende elevarse como el “árbitro moral” que le permita legitimar o deslegitimar perfiles sin mencionarlos, centralizar y aprovechar el descontento y construir capacidad de negociación.
Desde una perspectiva de inteligencia política, el radio de acción efectivo de Herrera Quiñónez se concentra en cuatro zonas:
- Centro y sur del estado: Culiacán, Navolato, Eldorado, Costa Rica, y municipios con fuerte presencia parroquial. Aquí la Diócesis tiene mayor densidad organizativa.
- Comunidades rurales, en las cuales el sacerdote sigue siendo mediador, consejero, gestor y referente. En estas zonas, su palabra pesa más que la de cualquier funcionario.
- Colonias populares urbanas, en las que el Clero se mueve en zonas golpeadas por la violencia y pobreza. La Iglesia ofrece redes de apoyo donde el Estado no llega.
- Redes parroquiales femeninas que construyen grupos de oración, catequesis y voluntariado. Mujeres que influyen en decisiones familiares y comunitarias. Son nodos de transmisión política informal.
Jesús José Herrera domina, como operador de las masas clericales, el arte de influir sin ordenar, pues, no da instrucciones, sugiere, no dice “voten por”, pero orienta a la feligresía repitiendo en el pulpito “no apoyen corruptos”.
El Prelado no precisa nombres, describe perfiles y eso, psicológicamente, es una forma sofisticada, moderna y eficaz de conducción política. No impone, condiciona.
En el proceso electoral que está en puerta, puede desempeñarse como “legitimador silencioso” de ciertos proyectos, convertirse en actor bisagra o bien inclinarse por ejercer el poder del “veto moral”. La lectura es que no será neutral.
Sin duda, en el proceso electoral por venir el Obispo será un operador con estructura clerical, un líder no afiliado políticamente, un arbitro sin nombramiento y con tendencia y el representante de un Poder real que puede ser decisivo a la hora de ejercer el voto.
