Reforma tramposa

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Leonardo Kourchenko.

La reforma electoral, de acuerdo con Leonardo Kourchenko, ‘representa un atentado contra la democracia mexicana. Es la confirmación para eliminar el piso parejo y las condiciones de competitividad, para prevalecer en el poder’

Al leer el título de este texto, cualquiera podría preguntar “¿cuál de todas?”, considerando el camuflaje que acaban de aprobar los diputados con la reforma laboral y la reducción gradual de 48 a 40 horas por semana trabajada.

Es tramposa porque se negaron con mil artilugios a garantizar los dos días de descanso obligatorio que los trabajadores demandaban. Tal parece que permanece como un criterio discrecional a cargo del patrón el otorgar o no los dos días de descanso.

Lo que significa que, en los hechos, los trabajadores continuarán laborando seis días a la semana. Tal vez, con dos horas menos cada año.

Algo está mal cuando los beneficiarios de una reforma, trabajadores y sindicatos, protestan en vez de celebrarla, ¿no cree usted?

Pero a la que queremos referirnos es a la electoral, el auténtico instrumento de control político en manos de Morena para privilegiar su posición rumbo al 2027 y el 2030.

Forzada, sin el acuerdo de sus aliados —a pesar de la presión ejercida por la propia presidenta en su reunión con los líderes del Verde y del PT hace unos días—, la reforma ha sido presentada y arrancará el debate.

Morena fue con todo, sin quitarle elementos ni reducirla para evitar el desencuentro.

Una vez más, al estilo de su antecesor, “o conmigo o sin mí”, pero de frente.

La reforma representa un atentado contra la democracia mexicana. Es la confirmación para eliminar el piso parejo y las condiciones de competitividad, para prevalecer en el poder.

Adiós organismos estatales, que eliminan la posibilidad de celebrar elecciones libres y transparentes en cada entidad; se regresó a un modelo de consejos estatales que existieron hace más de 40 años. Claramente regresiva.

La eliminación de senadores revestida de la falsa austeridad, para concentrar el poder en los suyos.

La reducción al mínimo de los presupuestos y dietas de los partidos políticos, también presentada bajo el disfraz del ahorro y la supuesta “democracia mexicana”. En contraste, uno de los puntos establece la protección al sistema para evitar la llegada de dinero sucio a las campañas.

Es una absoluta contradicción: si retiran presupuesto a los partidos, el dinero del crimen organizado entrará como cuchillo en mantequilla en partidos y candidaturas.

Pero lo más peligroso, lo más dañino para la democracia mexicana, radica en la disminución del INE, la reducción de consejeros, organismos, áreas y departamentos, también bajo el pueril argumento del costo excesivo.

En esos intentos de falsa “reestructuración” está la desaparición del PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares), uno de los instrumentos más sólidos, creíbles, consolidados al paso de los años, que arroja luz, transparencia, pero sobre todo, credibilidad al proceso.

Los mexicanos que votamos desde cuando sabíamos de antemano quién ganaría por la presencia dominante de una fuerza política en el poder (PRI), aprendimos con gozo, con esperanza democrática, que los resultados de una noche electoral podían arrojar datos insospechados e incluso inciertos ante campañas extremadamente cerradas.

El PREP fue la garantía de esa credibilidad, de la confianza de millones de mexicanos en que las elecciones eran reales, se competía en condiciones de igualdad, múltiples fuerzas políticas de todos los matices, y ganaba el que más votos obtenía en las urnas.

Desaparecer el PREP es volver —por capricho, control perverso y manipulador— a la noche oscura donde nadie sabe qué pasó, quién ganó, quién está haciendo los recuentos y los “arreglos”.

Sin PREP le entregamos el control absoluto al gobierno, para que defina, pronuncie y designe al ganador de su preferencia. Otorga el tiempo, el manejo operativo y el velo de la manipulación a quien ejerce el poder.

Es vergonzosa la reforma presentada por la presidenta; es denigrante que diga que “está obligada”. ¿Por quién o por qué?

Si se empeña en modificar las condiciones, las cámaras, los dineros, que convoque a una auténtica audiencia ciudadana, no controlada por los legisladores de su partido, sino que se haga una verdadera comisión redactora de una nueva ley.

No se trata de este vulgar remedo de reforma, que es además retardatario y regresivo en manos del traidor a la democracia, Pablo Gómez.

Si la presidenta y Morena logran vencer —doblar, dicen en la jerga política— al PT y al Verde, México dará un significativo paso atrás en la democracia de este país, equivalente a 40 años, cuando el sistema era controlado por el gobierno y Pablito Gómez debutaba como diputado gracias a la reforma aperturista de Reyes Heroles (1978).

Hoy el péndulo va a la inversa: cerrar la participación, acotar los espacios, controlar las curules y eliminar a las minorías. Esa es Morena “la democrática”.

El Financiero