David Fuentes
La presidenta Claudia Sheinbaum está reconstituyendo el carácter civil de la información de inteligencia perdido en el gobierno de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien entregó a los militares el principal órgano de inteligencia del Estado mexicano.
Sin opciones y con fe ciega, la jefa de Estado ha dejado esa tarea en un solo hombre, Omar Hamid García Harfuch, formalmente su secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, de 43 años, con quien ha trabajado desde el Gobierno de la Ciudad de México.
Nieto del exsecretario de la Defensa Nacional (1964-1970), el general Marcelino García Barragán, e hijo de quien fue jefe de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (1976-1978), Javier García Paniagua, García Harfuch es más que un secretario de Seguridad. Es el hombre de la información policial, de inteligencia financiera, de procuración de justicia del Estado mexicano y del intercambio de información con el gobierno de Estados Unidos.

Por decisión presidencial ha desplazado a los militares del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que López Obrador había dejado en manos de su amigo y general retirado Audomaro Martínez luego de desaparecer y eliminar el control civil del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).
En los hechos, por decisión presidencial, García Harfuch está al mando de la información que cruza a varias dependencias más allá de la Secretaría de Seguridad: Hacienda (Aduanas y Unidad de Inteligencia Financiera) y la Fiscalía General de la República (FGR).
Su alcance llega a Washington mediante el intercambio de información con las agencias civiles de seguridad del gobierno estadunidense. Tiene, además, la consideración de la prensa de ese país, como el trato favorable que le dio el diario The New York Times el 19 de diciembre último.
En apenas ocho años como figura central de la seguridad pública se ha convertido en uno de los personajes más influyentes del país. Hoy es considerado el hombre fuerte de la presidenta Sheinbaum y el eje operativo del gabinete de Seguridad. En las reuniones diarias es él quien marca la agenda: los demás integrantes escuchan, toman nota y ejecutan. Desde ahí ordena operativos en Michoacán, Ciudad Juárez, el Estado de México o Quintana Roo. La presidenta respalda sin titubeos sus decisiones.
Su fuerza se sostiene tanto en resultados como en control institucional. Cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública indican que, durante su gestión…
