Luis Gutiérrez
El pasado fin de semana fue histórico para nuestro país. Tras la detención del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, la situación de seguridad en diversas ciudades se tornó, por decir lo menos, anormalmente complicada.
Lo cierto es que este contexto no representa, en términos generales, una novedad. El fenómeno del narcotráfico, con todas sus atroces consecuencias, forma parte de la dinámica nacional desde hace décadas, sin que se advierta una solución asequible en el corto plazo, pese a los esfuerzos permanentes de las autoridades.
Como toda responsabilidad del Estado, el tema de la seguridad se atiende a través de políticas públicas, normas y decisiones emanadas de los Poderes Públicos, en cumplimiento del mandato conferido por la ciudadanía mediante el voto. Ahora incluso desde el Poder Judicial, que a través de sus sentencias, contribuye a la preservación del orden y la paz social.
Así funciona la democracia representativa: yo, ciudadano, te elijo a ti —diputada, gobernador, alcaldesa— para que, en mi nombre y representación, tomes las decisiones necesarias para atender los problemas públicos dentro del ámbito de tus competencias.
En ese sentido, la decisión sobre quiénes nos gobiernan tiene una relevancia altísima, pues influye directamente en nuestra calidad de vida: seguridad, sí, pero también salud, empleo, educación y desarrollo.
De ahí la importancia de que todas y todos participemos activamente en los procesos electorales: votando, fungiendo como funcionarios de casilla o incluso postulándonos para un cargo de elección. Las alternativas que pueden beneficiarnos —o perjudicarnos— se construyen desde el poder ciudadano a través de mecanismos democráticos y participativos.
Informarnos es un deber cívico. Necesitamos conocer quiénes son nuestras candidatas y candidatos, cuál es su trayectoria, por qué cargo compiten y cuáles son sus propuestas. Y, posteriormente, dar seguimiento a sus acciones de gobierno para poder elegir con libertad y conciencia, vigilar con responsabilidad y exigir con legitimidad.
La apatía es nociva para el fortalecimiento de la vida democrática. Por eso resulta tan relevante el llamado al voto que realiza el Instituto Nacional Electoral, bajo la presidencia de la consejera Guadalupe Taddei, así como los institutos electorales locales. No se trata de un mero protocolo institucional, sino de una invitación firme y constante a asumir nuestra corresponsabilidad en la construcción del país que queremos.
Democracia y seguridad no son caminos separados: son un binomio necesario. La calidad de nuestras instituciones y la fortaleza de nuestra participación ciudadana inciden directamente en la posibilidad de vivir en paz.
*Presidente de la Red Nacional de Consejeras y Consejeros Electorales por una Democracia Incluyente (RENACEDI)
