La reforma electoral que no fue y el plan B

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José Gil Olmos

Pablo Gómez es el principal responsable del fracaso de la propuesta inicial de reforma electoral de la presidenta Claudia Sheimbaum. El viejo político que sólo una vez hizo campaña en su larga vida legislativa y perdió, cayó en la soberbia que lo caracteriza, nunca habló con los partidos del Trabajo y Verde durante los meses que trabajó en el proyecto y el resultado fue que la iniciativa presidencial no prosperó como se pensaba. Es decir, sin problemas.

El 4 de agosto de 2025 se creó la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, encargada de escuchar a la ciudadanía, analizar el sistema actual y proponer mejoras que garanticen elecciones libres, transparentes y representativas.

Pablo Gómez fue designado como presidente ejecutivo de la comisión integrada por Jesús Ramírez, coordinador de asesores de la Presidencia; por la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez; Lázaro Cárdenas, jefe de la oficina de la Presidencia; Arturo Zaldívar coordinador general de política y gobierno de la Oficina de la Presidencia; José Antonio Merino, de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones; y Esthela Damián Peralta, consejera jurídica de la Presidencia.

Salvo Pablo Gómez, ninguno otro de los integrantes de la Comisión tenía experiencia en el tema electoral y, por tanto, su misión era no sólo elaborar la propuesta, sino también entablar vínculos con los partidos para sacar adelante la iniciativa presidencial.

Pero la presidenta Sheinbaum se equivocó: la arrogancia de Pablo Gómez cerró las puertas del diálogo y la negociación, acciones fundamentales para sacar adelante una reforma tan delicada como la electoral.

Sheinbaum. Plan B. Foto: Montserrat López.

Durante medio año dicha comisión trabajó a puerta cerrada, los foros que se realizaron no fueron tomados en cuenta y la comisión especial presidida por Pablo Gómez redactó una iniciativa que necesitaba ser negociada desde sus inicios, principalmente con los partidos Verde y del Trabajo, con los que Morena ha hecho alianza desde 2018 y cuyos votos son fundamentales para ser aprobada en la Cámara de Diputados.

A partir del 21 de enero, cuando ya se veían los rechazos de los partidos Verde y del Trabajo, la presidenta Sheinbaum estuvo forzada a iniciar una serie de reuniones con los dirigentes de dichos partidos para convencerlos de ir juntos en la iniciativa de reforma electoral.

Para esa fecha se tenía previsto que se presentara la iniciativa, sin embargo fueron necesarias cinco semanas más, con el desgaste previsible de cada una se las reuniones en Palacio Nacional para la presidenta Sheinbaum de no poder convencer a sus dizque aliados.

El rechazo a la reforma fue dividido entre los partidos: PRI y PAN en contra de acabar con la profesionalización del personal del INE y rechazando la propuesta de desaparecer el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y los Organismos Públicos Locales Electorales.

Mientras que el Partido Verde y del Trabajo, por su parte, rechazaron la idea de reducir presupuesto y la representación plurinominal, pues éstas representan una amenaza a su existencia, una existencia que data de 1991 y 1990, respectivamente, con los apoyos de los hermanos Carlos y Raúl Salinas de Gortari.

Ni el Partido Verde ni el Partido del Trabajo en sus años de existencia han tenido un crecimiento en el ánimo del electorado. Siempre se han mantenido por sus alianzas.

En la elección de 1994 fue la única en la cual el Partido Verde compitió por la presidencia de la República en solitario. En 2000 se alió con el PAN; en 2006 con el PRI quedó en tercer lugar; en 2012 nuevamente en alianza con el PRI obtuvo 5.59% de los votos; en 2018, aliado otra vez con PRI y Nueva Alianza, quedó en tercer lugar; y en 2024, aliado con Morena y PT, ganaron la presidencia.

El PT a su vez participó por primera vez en elecciones federales en 1991, y al no alcanzar el porcentaje mínimo de votos perdió el registro. En 1993 lo recuperó y en la elección presidencial del 94 postuló como su candidata a Cecilia Soto, quien obtuvo 2.75% de los votos.

A partir de entonces sobrevivió gracias a las alianzas: en la elección de 2000 fue aliado con PAS, PRD, PSN y Convergencia para apoyar la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas; para la elección presidencial de 2006 fue en alianza con PRD y Convergencia para postular a Andrés Manuel López Obrador. En 2012, para la elección presidencial volvió a hacer alianza con el PRD y MC para la candidatura de Andrés Manuel López Obrador.

En el 2015 estuvo en riesgo inminente de perder su registro como partido político nacional. El Instituto Nacional Electoral resolvió retirarle el registro, pero a partir de una serie de impugnaciones mantuvo el registro al tomarse en cuenta los resultados de la elección extraordinaria de un distrito electoral en Aguascalientes. En 2018 formó parte de la alianza ganadora de la presidencia junto con Morena y el PES. Mientras que en 2024, junto con Morena y PVEM, postularon a Claudia Sheinbaum, que resultó triunfadora.

Ahora, con el rechazo a la reforma electoral de la presidenta, tanto el Partido Verde como el Partido del Trabajo enfrentarán un panorama menos favorecedor y sin alianzas tendrán menos posibilidades de sobrevivir.

Y ante el escenario de que no sea aprobada en la Cámara de Diputados, la presidenta Sheinbaum ya anunció un Plan B.

Dicho Plan B probablemente vaya dirigido a cambios en leyes secundarias donde la presidenta Sheinbaum saque adelante sus dos principales propuestas: reducir el presupuesto millonario y hacer que los candidatos plurinominales sean electos por votos y no por designación directa de las dirigencias partidistas.

Con este plan B la presidenta Sheinbaum cumplirá con una promesa de campaña y seguirá pavimentando el segundo piso de la Cuarta Transformación, como lo proyecto Andrés Manuel López Obrador.