Simón Vargas Aguilar*
Los docentes representan el corazón y el motor del desarrollo de cualquier nación, son los arquitectos del futuro, quienes cada mañana entran a un salón de clases con la misión de encender la curiosidad, corregir errores y sembrar en las mentes jóvenes la semilla de un México más justo y próspero; por eso, en vísperas del próximo 15 de mayo, Día del Maestro, quiero utilizar estas líneas para enviarles una felicitación anticipada, así como un reconocimiento porque pese a los innumerables obstáculos, siguen de pie frente al pizarrón con dignidad y vocación.
Aunque desearíamos que fuera uno de los rubros en los que más se invirtiera y que se tuviera más presente en las administraciones gubernamentales, tristemente, esto no es cierto y es que nadie puede negar que el modelo educativo mexicano arrastra décadas de rezagos estructurales, las carencias son evidentes y dolorosas: infraestructura escolar deteriorada en miles de comunidades rurales, falta de materiales didácticos actualizados, salarios que apenas alcanzan para cubrir las necesidades básicas y una burocracia administrativa que consume más tiempo del que se dedica a la enseñanza.
De acuerdo con datos del INEE y la OCDE, México invierte proporcionalmente menos en educación que países de similar desarrollo, lo que se traduce en aulas saturadas, a veces con más de 40 alumnos por maestro, programas de estudio rígidos y desconectados de la realidad a la que nos enfrentamos día con día, y una formación docente que, en muchos casos, no responde a las demandas del siglo XXI.
Los problemas no se limitan a los docentes, los alumnos también cargan con el peso de un sistema que les falla; y es que la deserción escolar sigue siendo alarmante, especialmente en secundaria y bachillerato; los resultados en evaluaciones internacionales como PISA colocan a México consistentemente por debajo del promedio de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencias.
Pero, además, se debe admitir que con tristeza, muchos niños y adolescentes egresan sin competencias básicas de pensamiento crítico, con brechas digitales que se agrandan en zonas marginadas y con una desigualdad que condena a aquellos con menos recursos a un círculo vicioso de pobreza. Pocos son los que tienen la posibilidad de acceder a escuelas privadas de élite, la mayoría enfrenta la realidad de un sistema público que, en lugar de igualar oportunidades, las reproduce y profundiza.
Es hora de reconocer que se requieren con urgencia nuevas estrategias que permitan un desarrollo integral y competitivo de los alumnos, se necesita una transformación profunda que empiece por la mejor preparación de los docentes, porque la capacitación continua debe ser obligatoria, financiada y vinculada a incentivos reales como maestrías, diplomados en pedagogía innovadora, manejo de tecnologías y estrategias socioemocionales, entre otros.
Para lo anterior deberíamos conocer y replicar otros modelos, por ejemplo japonés, que tanto éxito ha demostrado, en Japón, los maestros gozan de un prestigio social, su formación es rigurosa y selectiva, se enfatiza el trabajo colaborativo entre docentes, se promueve la disciplina y se prioriza el aprendizaje basado en proyectos y en el esfuerzo colectivo. Los alumnos japoneses no sólo aprenden contenidos; aprenden a perseverar, a respetar al otro y a resolver problemas en equipo.
Al no darle el respaldo necesario al sistema educativo estamos condenando a nuestro principal activo: las niñas, los niños y los adolescentes, deberíamos dejar de verlos como un gasto sino más bien como la inversión más importante que puede hacer una nación. Cada peso que se ahorra hoy en infraestructura, en salarios dignos o en innovación pedagógica se traduce en jóvenes menos preparados, más vulnerables a la delincuencia, al desempleo y a la frustración.
Y si antes ya era urgente el cambio, hoy lo es todavía más con el avance imparable de la inteligencia artificial, se encuentra aquí transformando empleos, industrias y formas de aprender. Los docentes y los alumnos necesitan nuevas competencias: alfabetización digital profunda, pensamiento computacional, resolución de problemas complejos y aprendizaje permanente. Sin embargo, muchos jóvenes mexicanos siguen formándose en un modelo analógico mientras el mundo laboral exige perfiles híbridos, es así que, si no actualizamos los planes de estudio, si no dotamos a las escuelas de conectividad y dispositivos, y si no capacitamos a los maestros para integrar la IA de manera ética y pedagógica, estaremos creando una nueva brecha generacional.
Es momento de que asumamos nuestra responsabilidad; los docentes no pueden seguir siendo los únicos que continúen siendo los responsables de la educación y el futuro, se necesita inversión sostenida, reconocimiento salarial y social, y una política educativa que trascienda sexenios y partidos políticos.
Por todo ello, y con profundo respeto, hoy felicito anticipadamente a cada maestra y maestro de México, a quienes dan clases en aulas con escaza ventilación, a quienes se convierten en confidentes, a quienes corrigen cuadernos hasta la madrugada y a quienes, pese a todo, siguen creyendo que un buen maestro puede cambiar la trayectoria de una vida. Ustedes son la esperanza. El país les debe mucho más de lo que les ha dado.
Espero que este año no sólo haya una felicitación sino el inicio de un compromiso social para que, el próximo 15 de mayo y todos los días del año, los docentes reciban el respaldo, el salario y el reconocimiento que tanto merecen.
¡Felicidades anticipadas, maestros y maestras de México!
*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia y política.
