Patricia González Miranda
Hay países que construyen carreteras, aeropuertos y grandes obras de infraestructura. Y sí, son importantes. Pero las naciones verdaderamente desarrolladas se construyen desde dos pilares fundamentales: la educación y la salud.
He aprendido, desde el servicio público y desde mi propia experiencia de vida, que ninguna transformación social puede sostenerse cuando un niño abandona la escuela por falta de oportunidades o cuando una familia pierde la tranquilidad porque no tiene acceso digno a la atención médica.
Por eso, estoy convencida de que la educación y la salud no deberían verse únicamente como derechos constitucionales, sino como las políticas públicas más importantes de cualquier Estado moderno.
La educación tiene el poder de cambiar destinos completos. Un joven que estudia no solamente adquiere conocimientos; desarrolla pensamiento crítico, aprende a convivir, fortalece su autoestima y descubre que puede aspirar a una vida distinta.
La educación abre puertas que muchas veces la pobreza, la violencia o la desigualdad intentan cerrar.
Pero también debemos entender que no puede existir aprendizaje pleno cuando no hay salud física ni emocional. Después de la pandemia, quedó claro que la salud mental debe convertirse en una prioridad nacional. Hoy miles de jóvenes enfrentan ansiedad, depresión, desmotivación y sentimientos de vacío en silencio. Y muchas veces el sistema llega demasiado tarde.
México necesita una visión más humana y preventiva de las políticas públicas.
Necesitamos escuelas que no solo enseñen matemáticas o historia, sino que también detecten riesgos emocionales, acompañen procesos familiares y formen seres humanos más fuertes, sensibles y conscientes.
La salud, por su parte, no puede depender de la suerte económica de una persona. La atención médica digna debe ser una garantía real, accesible y cercana. Hablar de salud es hablar de medicamentos, hospitales y médicos, pero también de prevención, nutrición, estabilidad emocional y calidad de vida.
Cuando un país invierte en educación y salud, no está gastando recursos: está invirtiendo en paz social, productividad, innovación y futuro.
En México solemos discutir mucho sobre política, partidos y elecciones. Pero pocas veces nos detenemos a pensar qué tipo de país queremos construir para las próximas generaciones. Y la respuesta, para mí, siempre será la misma: un país donde ningún niño deje de estudiar y donde ninguna persona tenga que sufrir por no poder atender su salud.
La verdadera transformación comienza en las aulas y en los hospitales.
La Presidenta Claudia Sheinbaum realiza un extraordinario trabajo en ello. Claudia es y seguirá siendo la Presidenta de la Educación y la Salud en México. Ahí es donde se define el futuro de una nación.
