Un problema, dos naciones

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Luis Humberto Fernández

El combate al narcotráfico será el eje de la relación bilateral entre México y Estados Unidos, y se ha convertido en el elemento más frágil y volátil para ambas naciones.

Es un solo problema, pero de naturaleza, visión y resultados diferentes: en Estados Unidos se vive una emergencia sanitaria sin precedentes; el fentanilo es la principal causa de muerte entre los estadounidenses de 18 a 44 años; mientras que, en México, el tema de fondo es el fortalecimiento institucional, la construcción de la paz y la fortaleza del Estado.

El problema es distinto a ambos lados de la frontera: mientras que en Estados Unidos el 27.5 por ciento de la población de 12 años o más consumió alguna droga ilícita en el último año, en México la cifra es del 2.7 por ciento. El vecino del norte tuvo cerca de 70 mil fallecimientos por sobredosis; el número en México es mínimo.

Pero la balanza de los resultados también es asimétrica, en nuestro país se han asegurado casi 400 toneladas de droga52 mil detenidos28 mil armas aseguradas y 2 mil 337 laboratorios clandestinos desmantelados, cifras que Estados Unidos no tiene ni de cerca.

Y, sobre todo, mientras que México ya capturó a los principales líderes de las organizaciones criminales -92 criminales de alto impacto han sido trasladados de México a Estados Unidos-, la captura de narcotraficantes dentro del territorio estadounidense ha sido casi nula.

La pregunta prevalece: ¿cuándo van a capturar a un verdadero capo norteamericano?, ¿de verdad piensan que la droga se vende sola? La estrategia de seguridad de México está funcionando: el promedio diario de homicidios dolosos disminuyó un 40 por ciento, al pasar de 86.9 en septiembre de 2024 a 52.5 en abril de 2026. Esto representa 34 homicidios dolosos menos al día. Los delitos de alto impacto han disminuido un 52 por ciento desde 2018; han bajado los feminicidios, secuestros, extorsiones y robos con violencia.

La motivación también es diferente: mientras que Estados Unidos busca un éxito mediático rumbo a las elecciones de medio término, partir de la idea de que su agenda es ayudar a México es, por decir lo menos, ingenuo. Como pasó en Venezuela, hubo quien pensó que se trataba de un rescate, y ahora la propuesta es que ese país desaparezca y se incorpore a Estados Unidos.

La conclusión es obvia: compartimos un problema, pero mientras el problema del consumo está en el norte, los resultados y los costos están al sur de la frontera. La seguridad y la soberanía no están divorciadas: son pilares del Estado.

Ambos países coinciden en que el combate al narcotráfico es una prioridad, pero México no puede pagar la voracidad de la adicción norteamericana, ni ceder en su dignidad nacional.

En el punto en que estamos, solo queda la ruta de la defensa de la soberanía y del Estado de derecho, continuar con la estrategia de seguridad, y brindar apoyo total, sin regateos ni berrinches, a la presidenta Claudia Sheinbaum.

Académico y diputado por Morena