Héctor Muñoz
Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que aseguró que su gobierno no tiene interés en renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), han vuelto a encender las alarmas sobre el futuro de la integración económica de América del Norte.
Sin embargo, más allá del impacto mediático de sus palabras, conviene preguntarse si realmente es viable que Washington abandone el acuerdo comercial y cuáles serían las consecuencias para los tres países involucrados.
Desde su llegada a la política, Trump ha mantenido una visión crítica de los acuerdos multilaterales y ha defendido la idea de que Estados Unidos debe reducir sus déficits comerciales.
Bajo esa lógica, considera que su país tiene más que perder que ganar en los tratados internacionales.
No obstante, la realidad económica es mucho más compleja que los discursos.
Si bien el T-MEC contempla mecanismos para que cualquiera de sus integrantes pueda retirarse, el proceso no es inmediato ni depende exclusivamente de la voluntad política de un presidente, ya que existen procedimientos legales, revisiones periódicas y, sobre todo, intereses económicos de gran magnitud que dificultan cualquier ruptura abrupta.
Actualmente, las cadenas de suministro de América del Norte están tan integradas que una salida precipitada generaría costos multimillonarios para empresas y consumidores de los tres países.
La principal razón por la que resulta poco viable una cancelación del tratado es que la economía estadounidense depende en gran medida de la producción regional.
Durante tres décadas, industrias como la automotriz, la electrónica, la aeroespacial, la agrícola y la manufacturera han construido cadenas de valor que cruzan las fronteras varias veces antes de que un producto llegue al consumidor final. Por ello, desmantelar este esquema implicaría elevar costos de producción, aumentar precios y reducir la competitividad frente a economías emergentes como China.
¿Qué perdería México?
México sería uno de los países más afectados, debido a que Estados Unidos absorbe cerca del 80 por ciento de sus exportaciones. Por ello, una eventual desaparición del T-MEC podría provocar una menor Inversión Extranjera Directa, reducción de exportaciones manufactureras, pérdida de empleos vinculados al comercio exterior, incertidumbre para sectores como el automotriz, agroindustrial y electrónico, así como un menor crecimiento económico en el corto plazo.
Pero no sólo nuestro país resultaría afectado. A pesar de que la narrativa de Estados Unidos es que no necesita a México, Trump ignora datos fundamentales: México es actualmente uno de los principales socios comerciales de la Unión Americana y un proveedor estratégico de productos manufacturados, agrícolas y componentes industriales.
Una ruptura del T-MEC podría generar un incremento de precios para los consumidores estadounidenses, escasez temporal de insumos industriales, menor competitividad de empresas norteamericanas, pérdida de empleos en sectores exportadores y una mayor dependencia de proveedores asiáticos.
Entre los sectores más afectados estarían la industria automotriz, la construcción, la agricultura y la manufactura avanzada, que dependen de componentes producidos en territorio mexicano.
¿Hacia dónde exportaría México si desaparece el T-MEC?
La desaparición del acuerdo obligaría a México a acelerar una estrategia de diversificación comercial que durante años ha permanecido limitada por la cercanía y las ventajas del mercado estadounidense.
Las alternativas más viables para que nuestro país pueda colocar sus productos serían la Unión Europea, con la cual México ya cuenta con un acuerdo modernizado; los países del Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, incluyendo Japón, Australia, Vietnam y Singapur; así como América Latina, particularmente Brasil, Chile y Colombia.
También destacan mercados emergentes de Asia, Medio Oriente e India, una de las economías con mayor crecimiento proyectado para las próximas décadas.
No obstante, sustituir el mercado estadounidense sería una tarea compleja y requeriría años de adaptación logística, regulatoria y productiva.
Estados Unidos también enfrentaría desafíos para obtener los productos que hoy compra a México. Así que, en caso de una ruptura comercial, Washington tendría varias alternativas, aunque ninguna tan eficiente como México.
El vecino país podría aumentar sus importaciones desde China, Vietnam, India, Corea del Sur y Brasil.
También podría intentar relocalizar parte de la producción dentro de su propio territorio, pero los costos laborales más elevados dificultarían que muchas industrias mantuvieran los precios actuales. La ventaja competitiva de México radica precisamente en su cercanía geográfica, costos logísticos reducidos, mano de obra especializada y una integración industrial construida durante más de 30 años.
¿Cuál es el escenario de tratados bilaterales separados?
Una posibilidad que algunos analistas contemplan es que desaparezca el esquema trilateral y sea sustituido por dos acuerdos independientes: uno entre Estados Unidos y Canadá, y otro entre Estados Unidos y México.
Argumentan que este modelo tendría algunas ventajas, como una mayor flexibilidad para negociar temas específicos con cada país, una solución diferenciada para conflictos particulares y una menor complejidad política en ciertas negociaciones.
Sin embargo, también presentaría importantes inconvenientes, como la duplicación de reglas y procedimientos, mayor burocracia comercial, incremento de costos para las empresas regionales, menor certidumbre jurídica y debilitamiento de la integración norteamericana.
Por ejemplo, las empresas automotrices tendrían que operar bajo esquemas regulatorios distintos dependiendo del país de origen de cada componente, lo que reduciría la eficiencia alcanzada durante décadas.
Con base en lo anterior, las declaraciones de Trump parecen responder más a una estrategia política dirigida a su base electoral que a una intención real de desmontar el principal bloque económico del continente.
El T-MEC no es únicamente un tratado comercial; representa una red de inversiones, empleos, cadenas productivas y relaciones empresariales que benefician a millones de personas en los tres países.
Por ello, aunque las amenazas de abandonar el acuerdo generan incertidumbre, la realidad económica sugiere que una ruptura total sería extraordinariamente costosa tanto para México como para Estados Unidos.
El debate no debería centrarse en la desaparición del tratado, sino en cómo modernizarlo para enfrentar los desafíos de una economía global cada vez más competitiva.
La interdependencia entre las economías de América del Norte es tan profunda que ningún país podría salir ileso de una ruptura.
En ese sentido, el mayor obstáculo para cancelar el T-MEC no son los procedimientos legales, sino los intereses económicos que lo han convertido en uno de los acuerdos comerciales más importantes del mundo.
