Cuando el esfuerzo de una vida se convierte en “objetivo fiscal”

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Si el objetivo es hablar de justicia y distribución de la riqueza, el debate también debería incluir a quienes concentran grandes fortunas y tienen mayores capacidades económicas, en lugar de poner la mirada únicamente sobre quienes durante años han trabajado para construir un patrimonio familiar

Julieta del Río

Hay debates que parecen técnicos, pero en realidad tocan algo mucho más profundo: la tranquilidad y la paz de millones de familias que durante años han trabajado, ahorrado y construido un patrimonio pensando en su futuro y en el de sus hijos.

La reciente discusión en la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la posibilidad de gravar las herencias y las Afores abrió una conversación que va mucho más allá de un impuesto. Se trata de preguntarnos qué valor le damos al esfuerzo, al ahorro y a la propiedad que las personas construyen legítimamente a lo largo de su vida.

En los últimos tiempos hemos visto decisiones y planteamientos dentro de la Corte que generan preocupación, no sólo por sus posibles efectos legales, sino porque parecen dejar de lado principios fundamentales como la certeza jurídica y el respeto al patrimonio de las personas.

Por eso causó preocupación la posición de la ministra Lenia Batres al señalar que es “injusto” que las herencias y las Afores no paguen impuestos. Una afirmación de esta naturaleza merece una reflexión profunda porque detrás de cada patrimonio familiar hay una historia que no puede reducirse a una simple cifra.

Una herencia no aparece de la nada. En la mayoría de los casos representa años de trabajo, sacrificios, horas extras, decisiones difíciles, ahorro constante y el deseo de dejar algo a la familia. No es un regalo sin esfuerzo ni un privilegio automático; es el resultado de toda una vida de dedicación.

Presentar el patrimonio heredado únicamente como una ventaja económica desconoce la realidad de millones de mexicanos que han construido, poco a poco, lo que tienen, muchas veces renunciando a gustos personales para brindar mayor bienestar y seguridad a sus familias.

Gravamen a Afores. “Se trata de preguntarnos qué valor le damos al esfuerzo, al ahorro y a la propiedad” — Moisés Pablo / Cuartoscuro

El problema no es discutir reformas fiscales. Toda sociedad puede debatir cómo financiar sus necesidades públicas. El problema surge cuando se pretende hacerlo sin considerar el origen de los bienes, como si todo patrimonio fuera producto de privilegios y no del trabajo, el ahorro y la responsabilidad de quienes lo construyeron.

Además, abrir la puerta a nuevos gravámenes sobre el patrimonio familiar genera una pregunta fundamental: ¿qué tan segura está la propiedad que una persona construye durante toda su vida?

La seguridad jurídica significa que las reglas deben ser claras y que las personas puedan confiar en que el fruto de su trabajo será respetado. Si el patrimonio familiar puede ser visto permanentemente como una fuente adicional de recaudación, se genera incertidumbre y se afecta la confianza de quienes todos los días trabajan para salir adelante.

La discusión de fondo no debería ser si una familia tiene derecho a heredar, sino cómo garantizar que el esfuerzo, el ahorro y la responsabilidad individual sigan siendo valores reconocidos y protegidos en nuestro país.

Lo verdaderamente injusto sería convertir el trabajo de toda una vida en un objetivo permanente de cobro, sin mirar la historia que existe detrás de cada casa, cada ahorro y cada patrimonio familiar.

Es positivo que seis ministras y ministros hayan frenado este planteamiento, que para muchos representa una amenaza al patrimonio construido con esfuerzo por millones de mexicanos.

El ministro Arístides Guerrero García recordó, además, que el impuesto sobre herencias y legados dejó de aplicarse en México desde la década de 1960. Antes de impulsar propuestas de este alcance, resulta indispensable revisar el marco jurídico, los antecedentes históricos y las consecuencias reales que podrían generar para las familias y para la certeza jurídica del país.

Si el objetivo es hablar de justicia y distribución de la riqueza, el debate también debería incluir a quienes concentran grandes fortunas y tienen mayores capacidades económicas, en lugar de poner la mirada únicamente sobre quienes durante años han trabajado para construir un patrimonio familiar.

Porque detrás de una herencia no sólo hay bienes: hay historias de esfuerzo, sacrificio y del anhelo de ofrecer un mejor futuro a las siguientes generaciones.