Fernando Franco
El ahorro para el retiro tiene grandes desafíos en materia de cobertura, suficiencia y desigualdad, especialmente para las personas que laboran en la economía informal, quienes reciben menos ingresos por su trabajo y carecen de seguridad social.
El 58% de la población nacional tiene una cuenta de ahorro para el retiro o una afore; sin embargo, la brecha entre los que se ganan la vida en la formalidad y la informalidad es significativa.
El 87% de los trabajadores formales asegura tener una cuenta con estas características. En contraste, apenas 34% de los que laboran en la informalidad —también llamada economía subterránea— tiene una, según un análisis (con datos a 2024) de México, ¿Cómo vamos? y Vanguard, la segunda administradora de activos más grande del mundo.
Al ver por detalle, las diferencias son más palpables. En el decil I (población de menores recursos), el número de cuentas de ahorro para el retiro o una afore de formales e informales es de 64.8% y 20.3%, respectivamente, es decir, una relación de tres a uno. En el decil X (mayores ingresos), las cifras son 87.2% y 44.7% en cada caso, prácticamente dos a uno.
Sofía Ramírez, directora de México, ¿Cómo vamos?, destaca que los trabajadores informales deben superar más pasos para poder ahorrar, incluyendo la decisión de hacerlo y la confianza en el sistema financiero, mientras los empleados formales son afiliados automáticamente a una afore. Además, en ambos casos, persisten desafíos como subestimar la importancia del futuro, vencer la aversión a la pérdida, asumir la responsabilidad del retiro y evitar decisiones financieras complejas.
Esta situación propia que 67.3% de las personas considere que debe seguir trabajando para cubrir sus gastos en la vejez y 68.2% piense que pagará éstos con los apoyos gubernamentales.
En el estudio México, ¿Cómo vamos con el ahorro para el retiro?, dan cuenta que 54.5% de la población ocupada trabaja en la informalidad, es decir, sin seguridad social.
Esto implica que 55 de cada 100 trabajadoras y 54 de cada 100 trabajadores no tengan acceso a las aportaciones que se realizan para tener una mejor pensión.
David Cervantes, analista de BBVA, señala que este segmento poblacional no solo carece de prestaciones laborales, sino que también tiene menores ingresos con respecto al sector formal. En esta última rama de la economía, el salario promedio por hora es 43.7% mayor respecto al que se percibe en la economía subterránea. Además, al ver cuántos ganan al equivalente a hasta un salario mínimo, las cifras son de 53.6% y 23.3% para informales y formales, respectivamente.
“La informalidad laboral es uno de los problemas más importantes en México, porque tiene implicaciones sociales y económicas muy relevantes. Tienes a más de la mitad de la población que no tiene derechos. Y aunque el gobierno ha logrado poner parches con los programas sociales, finalmente esto segmenta a la población y a las familias en dos grupos con derechos diferenciados”, señala Mireya Pasillas, profesora de la Escuela de Negocios del ITESO.
Las mujeres son las más afectadas
Las mujeres enfrentan una serie de desventajas estructurales que limitan su capacidad de ahorro para el retiro. En promedio, comienzan a trabajar casi tres años después que los hombres y, con frecuencia, tienen menores niveles educativos, lo que influye directamente en los empleos a los que acceden y en los ingresos que perciben, destaca el estudio.
Esta disparidad también se observa en el acceso a cuentas de ahorro para el retiro, en donde 34.2% de las mujeres tiene una afore, frente a 51.4% de los hombres.
Entre los factores más relevantes que explican la brecha de género están, además de la informalidad, la baja participación de las mujeres y una permanencia más corta en el mercado laboral, debido a que muchas interrumpen su carrera profesional por maternidad o por asumir responsabilidades de cuidado y no siempre regresan al trabajo.
¿Qué se puede hacer?
El estudio propone siete medidas para incentivar el ahorro, entre ellas vincular trámites como el INE con la apertura de cuentas afore digitales, acompañadas de incentivos y educación financiera; comunicar los beneficios del ahorro formal frente a esquemas informales para hacerlo más competitivo frente a opciones y promover aplicaciones y plataformas móviles fáciles de usar.
