Ricardo Villanueva Lomelí no es un personaje aislado dentro de la política educativa mexicana. Su trayectoria está profundamente ligada a una de las estructuras de poder más longevas y opacas del occidente del país: el llamado Grupo Universidad, encabezado durante más de tres décadas por Raúl Padilla López. Hoy, como Subsecretario de Educación Superior del Gobierno de México, Villanueva encarna la transición de ese poder universitario local hacia el escenario federal, sin que exista una ruptura clara con el modelo político que lo formó.
Este perfil busca revisar críticamente su cercanía con Raúl Padilla, su paso por la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), su gestión al frente de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y el papel que este entramado ha tenido en el control político, económico y simbólico de Jalisco.
El discípulo del cacique universitario
Durante más de 30 años, Raúl Padilla López fue el verdadero poder detrás de la Universidad de Guadalajara. Aunque formalmente dejó la rectoría en 1995, nunca abandonó el control político de la institución. Padilla construyó un sistema vertical, corporativo y altamente disciplinado que le permitió decidir rectores, consejeros, directores de centros universitarios, líderes sindicales y representantes estudiantiles.
Ricardo Villanueva Lomelí fue uno de los cuadros más cercanos a esa estructura. Lejos de representar una ruptura generacional, su ascenso simbolizó la continuidad del padillismo con un rostro joven. El propio Villanueva reconoció públicamente a Padilla como mentor, estratega y figura clave en su formación política y universitaria.
En los círculos universitarios de Jalisco, su llegada a la Rectoría General de la UdeG en 2019 fue leída como una designación cantada: tenía la confianza del líder histórico y el respaldo de la maquinaria institucional. En la Universidad de Guadalajara, ese aval ha sido históricamente más determinante que cualquier proceso democrático interno.
La FEU: escuela de poder, no de representación
El primer gran trampolín político de Ricardo Villanueva fue la Federación de Estudiantes Universitarios. Presidió la FEU en 2001, cuando esta organización ya había dejado atrás cualquier intento de autonomía crítica frente a las autoridades universitarias. Desde su fundación, la FEU ha funcionado como una estructura de control político, encargada de disciplinar al estudiantado, movilizar contingentes cuando el grupo en el poder lo necesita y formar cuadros leales para el relevo generacional.
La FEU no ha sido, en los hechos, un contrapeso del poder universitario, sino uno de sus brazos más eficaces. De sus filas han salido rectores, funcionarios, diputados, operadores políticos y dirigentes partidistas. Villanueva siguió esa ruta con precisión: liderazgo estudiantil, cargos administrativos, posiciones políticas y retorno a la universidad con mayor poder.
Este modelo ha sido duramente criticado por amplios sectores estudiantiles y académicos, que señalan a la FEU como una organización corporativa, alejada de las luchas reales del estudiantado y funcional a un sistema autoritario. Sin embargo, también ha sido una plataforma efectiva para la acumulación de capital político.
De la política partidista al repliegue universitario
Tras su paso por la FEU, Villanueva transitó con naturalidad hacia la política institucional. Ocupó cargos en el Ayuntamiento de Guadalajara y en el Gobierno de Jalisco durante administraciones priistas, confirmando la histórica alianza entre el Grupo Universidad y el PRI en el estado.
En 2015 fue candidato del PRI a la presidencia municipal de Guadalajara. Perdió la elección frente a Enrique Alfaro, entonces candidato de Movimiento Ciudadano. La derrota marcó un punto de inflexión: Villanueva regresó de inmediato a la estructura universitaria, donde fue nombrado rector del Centro Universitario de Tonalá.
Este movimiento evidenció una constante del Grupo Universidad: cuando la apuesta electoral fracasa, el poder se reacomoda dentro de la universidad. La UdeG ha funcionado como refugio político y plataforma de relanzamiento para sus cuadros.
Rector General: confrontación externa, continuidad interna
Como Rector General de la UdeG entre 2019 y 2025, Villanueva enfrentó uno de los conflictos más visibles en la historia reciente de la institución: la confrontación con el gobernador Enrique Alfaro por el recorte y reasignación del presupuesto universitario.
Bajo su liderazgo, la UdeG movilizó a decenas de miles de estudiantes y trabajadores en defensa de la autonomía universitaria. Las marchas, desplegados y posicionamientos públicos colocaron a Villanueva como una figura de oposición al gobierno estatal y como defensor de la educación pública.
Sin embargo, mientras hacia afuera se denunciaba la injerencia del Ejecutivo, hacia adentro se mantuvo intacto el modelo de control político heredado del padillismo. No hubo una apertura real a la democratización universitaria, ni una revisión profunda de las prácticas corporativas, ni una rendición de cuentas sobre el uso de recursos, medios de comunicación universitarios o alianzas partidistas.
La defensa de la autonomía convivió con la falta de democracia interna. Esa contradicción ha sido uno de los rasgos centrales de su rectorado.
El Grupo Universidad y su poder en Jalisco
El llamado Grupo Universidad no es solo una facción académica. Es una red de poder que ha operado en múltiples niveles: político, económico, cultural y mediático.
Desde la UdeG se han impulsado partidos políticos, candidaturas, alianzas electorales y proyectos culturales de gran escala. La universidad ha sido utilizada como base de movilización, fuente de financiamiento indirecto y legitimadora simbólica de un proyecto político propio.
La creación del partido local Hagamos es una muestra clara de esta lógica: un partido construido con cuadros universitarios, financiamiento proveniente del entorno institucional y una base electoral anclada en la estructura de la UdeG.
Durante décadas, este grupo logró colocarse como un actor intocable en Jalisco. Gobernadores, alcaldes y legisladores negociaron con la universidad no solo como institución educativa, sino como poder fáctico.
El salto al Gobierno federal
El nombramiento de Ricardo Villanueva Lomelí como Subsecretario de Educación Superior marca una nueva etapa. Por primera vez, un cuadro formado íntegramente en el padillismo universitario accede a una posición estratégica en el gobierno federal.
Este movimiento plantea preguntas de fondo: ¿representa Villanueva una oportunidad para transformar el sistema de educación superior desde dentro, o es la extensión de una lógica de poder local al ámbito nacional? ¿Habrá una ruptura con el modelo corporativo que lo formó, o se replicarán sus prácticas en la política educativa federal?
Hasta ahora, no existen señales claras de autocrítica ni de distanciamiento con el pasado. Su discurso se centra en la experiencia administrativa, la expansión de la matrícula y la defensa de la universidad pública, pero evita abordar los déficits democráticos que marcaron su trayectoria.
Epílogo: poder, universidad y memoria crítica
Ricardo Villanueva Lomelí es producto de un sistema universitario que combinó expansión educativa con concentración del poder. Su carrera no puede entenderse sin Raúl Padilla, sin la FEU, sin el Grupo Universidad y sin el uso político de la UdeG como plataforma.
Hoy, desde el Gobierno de México, su figura condensa una tensión clave para la educación superior: la disputa entre universidad pública como espacio crítico y universidad como aparato de poder.
El tiempo dirá si su paso por la subsecretaría abre una etapa de transformación o consolida la herencia de uno de los cacicazgos universitarios más duraderos del país.
