Elizabeth Albarrán
Después de que enero se sintió como si durara 90 días, por fin llegó la quincena y también el segundo mes del año.
No sé ustedes, pero sentí que los precios subieron desmedidamente y parece que la cuesta de enero se extenderá en febrero.
Si bien el Inegi nos informó que la inflación se ubicó en 3.77% en la primera quincena del año, los precios dicen otra cosa.
Sólo por no dejarlo pasar, en el comedor donde trabajo, la comida se elevó en 30% y eso que la empresa nos pone la mitad del costo. Evidentemente no hubo una explicación a qué se debió ese aumento porque al final así estamos acostumbrados en este modelo económico: aceptar precios sin cuestionar nada.
Pero esta situación se da también en las fondas y restaurantes, donde los precios cumplen la manda de elevar los costos en cada inicio de año. Ya una no puede comerse unos chilaquiles (verdes, obvio), acompañados de huevo y un café sin gastar al menos 200 pesos, incluyendo la propina.
Si bien la presidenta Claudia Sheinbaum renovó el Paquete Económico Contra la Inflación y la Carestía (Pacic) con empresarios para que la canasta básica alimentaria no subiera más de 910 pesos, el bolsillo sí resiente el aumento de productos básicos como el huevo, la tortilla, la leche y la carnes (pollo, res y cerdo).
Mis respetos y admiración por las madres y padres de familia que tienen bocas que alimentar con este aumento de precios y una estrellita más para quienes pagan colegiaturas porque fue lo que más subió en la primera quincena de enero.
Ahora, eso solo es si hablamos de los alimentos porque si hablamos de las rentas de vivienda, estas también se elevaron.
Varios caseros con la mano en la cintura se sienten con el poder de aumentar la renta sin respetar la ley ni a nadie. Aunque el artículo 2448-D del Código Civil de la CdMx establece que el incremento de la renta no debe ser superior al 10%, les vale, especialmente porque se viene el Mundial y la demanda de vivienda está creciendo en 155%y está elevando las rentas en hasta 20%, según cálculos de la la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI).
A más de un conocido, su casero les subió la renta o bien les pidieron el departamento porque lo van rentar a un valor más caro, esto sin importar si llevan más de cinco años rentando. Para algunos la gentrificación puede significar una tortuosa mudanza o desalojo, mientras que para otros sólo un negocio en el que pueden aumentar sus ingresos.
Así comenzamos este 2026: entre el entusiasmo por el turismo futbolero y la angustia por el refrigerador vacío y rentas altas. Si el gobierno y la iniciativa privada no logran que el Pacic y la política de vivienda pasen del papel a la realidad de las personas, la cuesta de enero dejará de ser una temporada para convertirse en el nuevo estilo de vida del sexenio.
