Jorge Carrillo Olea advierte que “la violencia criminal en México no se resolverá en el corto plazo”; además acusa que con López Obrador “se gobernaba con miopía” y que concentrar el poder militar “reduce la calidad democrática y abre la puerta a formas autoritarias”
Jorfe Ramos Pérez
El general Jorge Carrillo Olea rechazó la invitación a trabajar en su gobierno que le hizo el expresidente Andrés Manuel López Obrador y ahora es un severo crítico de las decisiones tomadas en esa administración. “Se habla de un país dominado por el crimen. No estamos obligados a sustentar que no, pero entonces, ¿qué debemos decir?”, señala quien fuera jefe de la Sección Segunda (Inteligencia) del Estado Mayor Presidencial entre 1970 y 1976, con el presidente Luis Echeverría.
“Él (Jorge Carrillo Olea) no aceptó trabajar en el gobierno, como otros que hemos invitado y no han aceptado”, admitió Andrés Manuel López Obrador en 2018 en su casa de transición en la colonia Roma (https://www.eluniversal.com.mx/nacion/carrillo-olea-declina-invitacion-al-gabinete/), al explicar que Carrillo Olea fue considerado para integrar su gobierno porque escribió un libro de seguridad, México en riesgo.
Jorge Carrillo Olea atestiguó, desde Los Pinos, la operación del 10 de junio de 1971 en donde un grupo de choque oficial, Los Halcones, arremetieron y asesinaron a estudiantes universitarios en San Cosme, en la Ciudad de México (https://www.proceso.com.mx/libros/2011/8/15/el-halconazo-visto-desde-los-pinos-90765.html). En 1988, Carlos Salinas lo invitó, como López Obrador, a sumarse a su equipo porque había leído un libro sobre seguridad y sí aceptó por lo que Salinas lo designó director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), hasta 1991, para irse luego como Coordinador General de Lucha contra el Narcotráfico de la entonces Procuraduría General de la República.
López Obrador, que se le llena la boca de rencor para acusar que muchos de sus males y del país se deben a Carlos Salinas, se nutrió de salinistas: los partidos aliados de la 4T, del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM) fueron creación de Salinas; Manuel Bartlett fue secretario de Educación con Salinas, y gobernador de Puebla; Manuel Camacho, brazo derecho de Salinas hasta que se pelearon por la candidatura presidencial de 1994; Ignacio Ovalle, director de Conasupo con Salinas; Josefa González Blanco, hija del secretario de Gobernación de Salinas, Patrocinio González Blanco… y la lista se alargaría.
Así que Carrillo Olea, fundador del centro de inteligencia civil mexicano con Salinas, no hubiera resultado extraño que se sumara al equipo de López Obrador si el tabasqueño, en los hechos, es un salinista de hueso tricolor.
El general Carrillo Olea fue electo gobernador de Morelos en 1994, siendo presidente Salinas de Gortari, pero debió renunciar el 18 de mayo de 1998 entre acusaciones de crecimiento desmesurado del crimen y porque uno de sus funcionarios fue acusado de proteger criminales. Incluso, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló la posibilidad de su desafuero para enjuiciarlo (https://www.internet2.scjn.gob.mx/red2/comunicados/comunicado.asp?id=239). Finalmente, en 2003 fue exonerado (https://www.proceso.com.mx/nacional/2003/2/17/exoneran-carrillo-olea-73356.html).
Jorge Carrillo Olea no ha dejado de escribir desde su exoneración. Lo ha hecho en el periódico La Jornada o en la revista Proceso. Además, ha publicado varios libros donde analiza la seguridad nacional y pública, incluido su testimonio de lo que vio, por ejemplo, con la matanza estudiantil del 10 de junio de 1971, con el halconazo.
Hace unos días reapareció con otros cuatro ex directores del Cisen, Alejandro Alegre Rabiela, Eduardo Medina Mora Icaza, Jorge Tello Peón y Guillermo Valdés Castellanos (https://lasillarota.com/nacion/2026/3/25/nido-de-espias-en-el-itam-reaparecen-exdirectores-del-cisen-591909.html). Juntos presentaron la obra La seguridad nacional en México. Reflexiones y propuestas desde la experiencia.
El militar admite que “en tiempos pasados la solución única fue mediante control y represión de movimientos sociales internos, generalmente referidos a inquietudes estudiantiles, campesinas, disidencias, reclamos que llevó a México a un enfoque de respuesta represiva y, por ende, equivocada”.
En su reflexión en el libro, Carrillo Olea advierte que responsabilizar a los militares, tanto de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) como la Secretaría de Marina (Semar) es negativo porque en su actuación incurre en actos de violencia que de manera irremediable le produce roces con la sociedad, muchas veces graves.
La decisión de López Obrador de echar a cuestas de la Sedena la ejecución de obras como un aeropuerto o ferrocarriles “fue fatal. El efecto de tal decisión ha sido terrible. Los militares fueron objeto del despertar de mil ambiciones (…) venía empaquetada la posibilidad de enriquecimiento por las vías legales e ilegales”.
Además, “la disfunción actual es verdaderamente alarmante: se abandonó la profesionalización y constante mejoría de las Fuerzas Armadas en beneficio de su empleo en áreas policiacas, el combate a la violencia criminal y su distracción, empeñándolas en obras que son propias del mundo civil. Mala cosa”.

Y sostiene: “Se habla de un país dominado por el crimen. No estamos obligados a sustentar que no, pero entonces, ¿qué debemos decir?”
Para Carrillo Olea “concentrar el poder en una institución militar, cuyo deber no es gobernar sino defender, reduce la calidad democrática del país y abre la puerta a formas probadamente autoritarias. Hemos visto sufrir a otros pueblos, no juguemos con fuego. Sobran como ejemplo países en América Latina, Argentina, Uruguay, Chile, que hace cuarenta años abandonaron ésta equivocada forma de conducción política y social, por eso sorprende que ahora estemos nosotros entrando en donde ellos hace décadas van de salida”.
Y bueno, ya para que lo diga Jorge Carrillo Olea…
Punto y aparte
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