El informe del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada activa el mecanismo del artículo 34 ante desapariciones sistemáticas en México. Señala agravamiento del problema, falta de resultados y carga sobre familias, mientras el gobierno rechaza responsabilidades.
Rodrigo Morales M.
La muy desafortunada reacción gubernamental al informe presentado por el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada confirma que el tema de los saldos del combate a la delincuencia organizada seguirá siendo ignorado. No se admite ninguna responsabilidad.
Veamos, el tema no es nuevo, el Comité ha realizado visitas y emitido recomendaciones a nuestro país desde 2012, y en ese lapso ha documentado cómo se han incrementado las desapariciones forzadas, el aumento en los cuerpos sin identificar, cómo los operativos de búsqueda recaen más en los familiares de las víctimas que en las autoridades; en fin, han podido constatar cómo se ha agravado el problema. Las cifras están ahí.
La diferencia de este informe con los anteriores es que ahora busca que se active lo señalado en el artículo 34 de la Convención, que señala que cuando el comité recibe información que contiene indicios bien fundados de desapariciones forzadas de carácter generalizado o sistemático puede: “llevar urgentemente la cuestión a la consideración de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por conducto del Secretario General”.
Ahora se trata de un informe dirigido al máximo órgano de deliberación. Por cierto, el Comité sí forma parte del sistema de Naciones Unidas, y es la primera vez en la historia que se activa el mecanismo previsto en el artículo 34. Algo debiera alertarnos.
Pues bien, frente a ello el gobierno se duele de que el Comité no tomó en cuenta todos los esfuerzos que se han hecho. La evaluación que quisiera no es sobre los resultados obtenidos en estos años, sino sobre la nobleza de las intenciones. Todo el mundo ve el deterioro en el tema de las desapariciones, pero el gobierno pretende que nos conformemos con sus esfuerzos.
En fin, cuando se parte de la base de que un buen gobierno es aquel que se cimienta en las buenas intenciones y que los resultados son secundarios, se llega al absurdo que estamos viviendo. Es muy lamentable lo que ello significa para hacerle frente al problema endémico de las desapariciones forzadas. Por hoy la empatía con las desapariciones quedó sepultada, no así la deliberación. Al tiempo.
