El país comenzará a fabricar este año algunas etapas de las dosis anticovid gracias a un convenio que el gobierno firmó con Pfizer para la transferencia de tecnología ARN mensajero.
Dulce Soto
México avanza hacia uno de los objetivos del Plan México en materia de salud: fortalecer la industria farmacéutica nacional y retomar la producción local de vacunas.
Este 2026, gracias a un convenio entre Pfizer y el gobierno federal , comenzará con la fabricación de dosis contra covid-19, peroactualizadas con una nueva tecnología llamada “never frozen”.
Se trata de vacunas ARN mensajero que no necesitarán ultracongelación y que, por lo tanto, podrán distribuirse con mayor facilidad a zonas remotas, de difícil acceso o sin infraestructura para refrigeración.
El proyecto se alinea con recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que sugiere a las naciones impulsar su producción local de vacunas para alcanzar la autosuficiencia sanitaria, refirió Rodrigo Sini, director senior de Asuntos Médicos para Mercados Emergentes en Pfizer.
“La inversión en inmunización no solo salva vidas, también impulsa el bienestar social y económico de los países”, aseguró en el Encuentro de Periodismo en Salud “El Poder de la Vacunación”.
A decir de Miguel Betancourt, expresidente de la Sociedad Mexicana de Salud Pública, esta decisión de la administración de Claudia Sheinbaum traerá beneficios, sobre todo porque el acceso a vacunas sigue siendo un reto a nivel global.
“A pesar de que la demanda de vacunas ha disminuido, todavía hay comunidades que no tienen acceso, o sea, todas las vacunas que se necesitan en el momento en que se necesitan”, explicó.
Adiós a la ultracongelación
La dosis anticovid de ARN mensajero revolucionó la vacunación. Aunque esta tecnología se estudiaba desde hace seis décadas, fue en 2020 cuando se probó por primera vez para la producción de biológicos y resultó un éxito.
Permitió crear dosis en un año, algo nunca antes visto. También dispuso la flexibilidad necesaria para actualizar las dosis en tiempo récord, a fin de que protejan de la variante circulante.

Sin embargo, esta vacuna tenía una dificultad importante: necesitaba congelarse a una temperatura de 70 grados bajo cero. Y, una vez que se descongelaba, se debía usar en un mes máximo.
Para un país como México, con poco acceso a infraestructura de cadenas de frío y con regiones de climas calurosos, aquello fue todo un reto.
“En la pandemia era un desafío contar con refrigeradores”, recuerda Rodrigo Sini.
Ahora, gracias a los avances tecnológicos, las próximas dosis funcionarán a temperaturas de entre 2 y 8 grados, el estándar para todas las vacunas.
“Eso permite que llegue a más lugares del país, permite que haya una vacunación más equitativa y que haya menor desperdicio de la vacuna, porque tiene una vida útil mucho mayor que la ultracongelada”, detalla Juan Luis Morell, director general de Pfizer México.
Además de comprar las dosis actualizadas, ahora el país participará en algunas etapas de su producción en la Planta Toluca de Pfizer, en el Estado de México.
Con esta alianza, que garantiza a la población mexicana el acceso a las vacunas más modernas, el país se posiciona en avances farmacéuticos y en colaboración público-privada.
La transferencia de tecnología ARNm, además, abre la puerta hacia el desarrollo de otras terapias, con varios estudios en marcha sobre posibles insumos para enfermedades cardiacas, cáncer o diabetes.
El futuro de esta tecnología es muy prometedor. Rodrigo Sini, director senior de Asuntos Médicos para Mercados Emergentes de Pfizer.
El camino a ser país productor
En el contexto actual, donde se esperan otras pandemias por la constante evolución de los virus y resurgen algunas enfermedades que antes estuvieron controladas, debido a bajas coberturas de vacunación, es clave que el país pueda producir sus propias dosis.
Durante el sexenio anterior, el país tardó en aprobar las vacunas de covid actualizadas. Además, la pandemia evidenció una enorme desigualdad: los países productores accedieron primero a la vacunación y después los que no fabrican.
“México da pasos para no ser nada más comprador de vacuna, sino tener capacidad local de producir las vacunas que necesitamos en tiempos de paz y para una emergencia o pandemia. Miguel Betancourt, expresidente de la Sociedad Mexicana de Salud Pública.
México intentó producir la vacuna Patria, su propia dosis anticovid, pero tardó años en concretarse y fue aprobada por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) hasta 2024. Sin embargo, su diseño quedó rezagado ante los constantes cambios del virus y las nuevas tecnologías.

El convenio representa también un cambio de estrategia ante el debilitado Birmex, el laboratorio paraestatal que en la década de los 2000 llegó a producir hasta 70 millones de dosis contra la polio. Pero dejó de producir en 2019 para centrarse en la distribución de medicamentos.
“No creo que Birmex tenga que regresar a ser el único productor de vacunas, pero sí puede ser el ente regulador, organizador, que ayude a tener esta plataforma nacional de producción de vacunas que tanto nos hace falta”, explica Betancourt.
La producción local de algunas etapas de la vacuna covid permitirá no solo un incremento de dosis de última generación, también contribuirá al desarrollo económico nacional, indicó previamente Eduardo Clark, subsecretario de la Secretaría de Salud.
“Si lo hacemos juntos, con diálogo, se logra no solo adquirir los insumos para garantizar la salud de los mexicanos, también adquirir mayor innovación que devenga en más empleos y más bienestar”, dijo en el evento por el 75 aniversario de Pfizer en México.
