Samuel García
Hoy el INEGI publicará la inflación de mayo y todo apunta a una moderación. La Encuesta Citi anticipa una inflación mensual de -0.11%, suficiente para llevar la tasa anual al 4%, aunque el descenso obedecería principalmente a factores estacionales, particularmente a los subsidios eléctricos aplicados durante la temporada de calor.
Pero el dato de mayo corre el riesgo de distraernos de lo más importante: las expectativas de inflación siguen aumentando.
La última Encuesta Citi elevó nuevamente los pronósticos para el futuro. La expectativa para el cierre de 2026 pasó de 4.30% a 4.35%, y para 2027 aumentó de 3.80% a 3.90%. Mientras que la inflación promedio esperada para el periodo 2028-2032 subió de 3.70% a 3.80% en lo que vá del año.
La relevancia de estos ajustes radica en que ocurren después de casi tres años de política monetaria restrictiva. Si las expectativas continúan alejadas de la meta puntual de Banxico de 3%, es porque los analistas perciben que las presiones inflacionarias serán más persistentes de lo previsto.
Las razones abundan
La primera es el entorno internacional. Estados Unidos enfrenta nuevas presiones derivadas de los aranceles, el encarecimiento de materias primas industriales y el repunte de los precios energéticos asociado a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Diversos miembros de la Reserva Federal están advirtiendo que la inflación podría permanecer elevada por más tiempo e incluso requerir una postura monetaria más restrictiva.
La segunda es el aumento de costos en las cadenas productivas. Los precios de insumos como acero, aluminio y cobre continúan aumentando, mientras que los nuevos aranceles están elevando los costos de producción en múltiples industrias.
La tercera es el mercado laboral. Los incrementos salariales han fortalecido el ingreso de los trabajadores, pero también han elevado los costos de operación de empresas intensivas en mano de obra. El resultado es una inflación de servicios que sigue mostrando resistencia. Restaurantes, educación, salud, transporte y entretenimiento continúan registrando aumentos incompatibles con una inflación cercana a 3%.
Existe además un factor a tomar en cuenta: el cambio climático. Sequías, olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos están afectando cada vez con mayor frecuencia la producción agrícola y los precios de alimentos.
Nada de esto significa que la inflación volverá a los niveles observados entre 2021 y 2022. Tampoco que Banxico haya perdido el control. Significa que el mundo posterior a la pandemia parece estar convergiendo hacia tasas de inflación estructuralmente más altas que las observadas durante la década previa.
Las señales también aparecen en los mercados financieros. A pesar de los recortes de Banxico, las tasas de largo plazo permanecen elevadas. El rendimiento del bono gubernamental a 30 años sigue moviéndose entre 9.5% y 10%, reflejo de inversionistas que perciben mayores riesgos inflacionarios hacia adelante o que simplemente no creen que la inflación convergerá al objetivo del banco central en los próximos años. Cuestión, por cierto, que impacta las finanzas públicas.
Por eso la discusión no es si la inflación de mayo baja unas décimas. La pregunta es por qué las expectativas para 2026, 2027 y para el largo plazo continúan aumentando.
Las encuestas nos dan una respuesta: los analistas ya asumen que la inflación difícilmente se reducirá al 3% como lo prevé Banxico. Más bien, parece estar encontrando un nuevo punto de equilibrio alrededor de 4%.
Y si las expectativas tienen razón, la inflación no será el problema de este año. Será uno de los principales desafíos económicos de la próxima década.
